La Classicissima destapó al Caníbal

Este sábado será el tercero del mes de marzo, lo que supone el inicio de la primavera y, lo que consigo lleva, la apertura oficialmente del telón de las grandes clásicas ciclistas, y lo hará con el primero de los 5 monumentos, con La Classicissima, la Milán-San Remo, un entrante perfecto de cara a las carreras de un día de finales de marzo y de abril.

La dureza de esta prueba se basa en sus alrededor de 290 kilómetros que hacen que las pocas cotas que se afronten resulten aún más intensas, aunque tradicionalmente la resolución de la carrera acostumbra a ser en un sprint masivo.

En 1966, el belga Eddy Merckx todavía no era El Caníbal. El de Brabante se encontraba aún en el anonimato, en su segunda temporada como profesional. A sus 20 años, pocos, ni siquiera los que le conocían, ni él mismo, se podían imaginar lo que llegaría a ser, con un palmarés ocupado hasta la fecha tan sólo por un triunfo en la Escalada a Montjuic.

La Classicissima de aquel año, en territorio italiano y en su edición 57, suponía un escenario de importante repercusión. Tras el Passo del Turchino, una numerosa escapada desafiaba a un pelotón endiablado que les daría caza poco antes de iniciarse la tradicional ascensión al Poggio, cota que acostumbra a hacer la selección definitiva de la carrera. Allí mismo, el francés Raymond Poulidor, el segundón de las grandes vueltas, lanzó un poderoso ataque en busca de llevarse su segundo triunfo en San Remo.

El ídolo de Francia fue atrapado por el gran grupo poco antes de la llegada, donde un numeroso grupo formado por varios italianos se volcó sobre la Vía Roma, de donde apareció el joven Merckx para llevarse al sprint su primer gran triunfo como profesional. Ya no era un desconocido, tenía nombre y apellidos, y a sus tan sólo 20 años ya era toda una realidad. El belga empezaba a dar miedo y poco le faltaba para ser conocido por el apodo que todos conocemos.

Lo que cuenta la leyenda es que aquel día, su madre, desde Bélgica y desde delante del televisor, no daba crédito ante la enorme hazaña de su hijo y cayó desmayada de la emoción.

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Una década después, en 1976, Merckx se impuso por 7ª vez en la Vía Roma, logrando su último gran triunfo sobre las dos ruedas.

Este primer Monumento del año supuso también el primer gran día del que resultó ser el mejor de la historia. 10 años después, el entonces ya Caníbal con todas sus letras se había llevado 7 triunfos de 11 veces que disputó la gran clásica italiana. Fue en la Vía Roma, aquel 20 de marzo del ’66, donde Merckx se abrió a ojos del mundo e irrumpió con pie firme en un mundo donde dominaría a placer en todos los territorios y terrenos.

Las expectativas para este sábado hablan de una carrera abierta, con un Sagan con sed de revancha y con ganas de demostrar su valía en las carreras de un día, con un Cancellara que se despide en un estado de forma envidiable, con un Kristoff con ganas de recuperar su trono, con un Matthews completísimo y con la desgraciada ausencia de Degenkolb como vigente vencedor, entre otros muchos.

El elenco de favoritos es amplio y todos parecen llegar en gran forma. Ninguno de ellos es Merckx, pero son quienes son, también tienen nombre y apellidos, son los héroes del presente, otros lo serán del futuro y, al igual que hace 50 años, nunca se sabe dónde y cuándo una gran leyenda se puede empezar a gestar. Bienvenida seas, Primavera.

 

 


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