Unas Ardenas descafeinadas.

Pensaran ustedes que el terreno ideal para que los ciclistas profesionales den espectáculo es aquel que está plagado de subidas cortas y descensos peligrosos en carreteras cuanto menos estrechas. Pues, en efecto, tienen razón. Sin embargo, esto no se cumple en las denominadas clásicas de las Ardenas, donde, a pesar de que no hay un metro llano en los recorridos, los corredores prefieren esperar a los instantes finales de las carreras para mover ficha. No lo critico; cada uno corre como quiere, o como puede. Yo tampoco atacaría sabiendo que por delante me esperan rampas del más del 20% de desnivel. Sin embargo, me parece algo innegable que la Amstel Gold Race (que no se disputa en la región de Valonia, sino en Limburgo, Holanda, pero aún así se la reconoce como la primera del tridente de las Ardenas), la Flecha Valona y la Lieja-Bastoña-Lieja no son lo que antaño fueron.

 

AMSTEL GOLD RACE: GASPAROTTO SE REIVINDICA

Gasparotto dedica su victoria al malogrado Demotié.
Gasparotto dedica su victoria al malogrado Demotié.

El domingo 17 de abril se disputó la Amstel Gold Race, la carrera holandesa más importante del año. 250 kilómetros de longitud, que incluían más de 30 cotas, siendo la última de ellas, el Cauberg, la que casi siempre decide quien será el ciclista que levante los brazos un kilómetro después. El equipo Sky, que contaba con el vencedor en 2015, Michal Kwiatkowski, controló la carrera durante gran parte de la prueba. La lluvia, presente desde el inicio, aumentó considerablemente el riesgo de sufrir caídas, y los ciclistas rodaban con extremo cuidado. Pasaban las colinas y nadie atacaba; sólo en el penúltimo paso por el Cauberg la carrera se rompió ligeramente. Para sorpresa de todos, dos de los grandes favoritos cedían: Kwiakowski, reventado, no podía seguir el ritmo del pelotón, al igual que Purito Rodríguez (Katusha), que había besado el asfalto pocos kilómetros antes. El pelotón, con no menos de 50 unidades, continuaba devorando kilómetros como si de una etapa de transición de una vuelta por etapas se tratara. Sólo el ciclista belga Tim Wellens (Lotto Soudal) buscó sorprender atacando bajo la pancarta de los últimos 10 kilómetros. Wellens, un ciclista muy ofensivo, llegó a tener 25 segundos de ventaja, pero el pelotón se le echó encima nada más comenzar la última y decisiva ascensión al Cauberg (800 metros, con rampas del 11% de desnivel). Enrico Gasparotto (Wanty) atacó en la parte más dura de la ascensión, y logró obtener varios metros de ventaja con facilidad. Nadie quería asumir la responsabilidad de capturar al italiano; Michael Valgren (Tinkoff), aprovechando el parón que había en el pelotón, atacó en la última parte de la subida y llegó a la altura de Gasparotto con aparente facilidad.

Momento decisivo. Gasparotto arranca en el Cauberg, da alcance a Wellens y se marcha en solitario. © Tim de Waele
Momento decisivo. Gasparotto arranca en el Cauberg, da alcance a Wellens y se marcha en solitario. © Tim de Waele

La carrera salía del Cauberg con Valgren y Gasparotto en cabeza con 10 segundos de ventaja sobre un pelotón excesivamente numeroso. El joven danés del Tinkoff pecó de inexperiencia, y asumió por completo la responsabilidad de sostener la ventaja que él y su compañero de fuga tenían sobre el gran grupo, que no llegó a superar los 10 segundos. En el último kilómetro, totalmente llano, que lleva a los ciclistas a la línea de meta, Valgren se vació; Gasparotto, un veterano curtido en mil batallas, no dio un sólo relevo. Esperó su momento, y a falta de 150 metros lanzó su sprint. Valgren no tuvo ninguna opción de superar al italiano, que se hacía con la victoria en la Amstel Gold Race por segunda vez en su carrera. Curiosamente, el veterano ciclista del Wanty no ganaba desde que lograra el mismo éxito en 2012. Visiblemente emocionado, Gasparotto señalaba al cielo, dedicándole su -inesperada- victoria a Antonie Demoitié, ciclista de su equipo fallecido hacía pocas semanas a causa del choque con una moto durante el transcurso de la Gante-Wevelgem. Valgren entraba cabizbajo, segundo, logrando su mejor resultado desde que llegó a profesionales (24 años, tercera temporada como profesional) mientras que en el pelotón Sonny Colbreli (Bardiani) ganaba fácil el sprint para ser tercero por delante de Bryan Coquard (Direct Energie) y Michael Matthews (Orica), que para muchos era el gran favorito para hacerse con la victoria.

El podio de la Amstel Gold Race 2016. 1º Gasparotto, 3º Colbrelli
El podio de la Amstel Gold Race 2016. 1º Gasparotto, 2º Valgren, 3º Colbrelli. © Tim de Waele

Sin duda, el que hubiera apostado por un podio con Gasparatto, Valgren y Colbrelli se habría hecho millonario. La Amstel tuvo un resultado inesperado y el final fue emocionante; sin embargo, la carrera holandesa fue bastante tediosa. Salvo Wellens, nadie atacó, nadie buscó sorprender desde lejos. Todo se decidió en los últimos 3 kilómetros. Viene siendo habitual que esta prueba se decida al final, pero lo de esta última edición fue algo exagerado. ¿Qué soluciones se pueden plantear? Lo abordaré al final del artículo. Ahora, vamos con la Flecha Valona.

 

FLECHA VALONA: VALVERDE, DUEÑO Y SEÑOR DE HUY

Valverde, imperial en Huy. Vaya clase tiene el murciano, que a sus 36 años está como nunca. Magnífico.
Valverde, imperial en Huy. Vaya clase tiene el murciano, que a sus 36 años está como nunca. Magnífico.

Miércoles 20 de abril. Gran parte del pelotón que disputó la Amstel Gold Race se desplaza ligeramente hacia el este para disputar la Flecha Valona, a la vez que varios ciclistas como Alejandro Valverde, Dan Martin o Julian Alaphilippe aterrizan en Bélgica para intentar cumplir uno de los grandes objetivos de la temporada: cruzar en primera posición el temible muro de Huy (1,3 kilómetros con rampas de hasta el 19% de desnivel). La Flecha Valona es la clásica más suave del tríptico de las Ardenas; no llega a los 200 kilómetros de longitud y el número de cotas desciende notablemente. Como era de esperar, la carrera transcurrió sin novedades hasta los últimos 10 kilómetros. Movistar, con un equipo fortísimo, controló la carrera a la perfección. Dani Moreno, Ion Izagirre o el renacido Carlos Betancur realizaron un trabajo perfecto para su líder, Valverde, que llegó al muro de Huy perfectamente colocado y sin haber gastado un gramo de fuerza. Sólo Jungels (Etixx Quick-Step) y Wellens, como hiciera en la Amstel, movieron la carrera antes de la subida final, aunque fueron capturados a 4 kilómetros para el final por un pelotón del que tiraba Etixx. El grupo se plantaba en Huy con todos los favoritos bien atentos en cabeza de carrera. En los primeros compases de la subida, la vigilancia era extrema. Valverde, muy atento, imponía mucho respeto, y nadie se atrevía a mover ficha desde abajo. El primero en probar fortuna fue Joaquim Rodríguez (Katusha); el ataque del catalán, que no iba demasiado fino, fue más por orgullo que por fuerzas.

Vigilancia extrema en Huy. Pese a la terrible dureza de la ascensión, nadie se atrevía a atacar durante la primera parte de la cota. © Tim de Waele
Vigilancia extrema en Huy. Todos mirando a Valverde, dominador absoluto de la prueba. © Tim de Waele

Rodríguez, ganador en 2012 de la carrera -su única victoria en una clásica de primavera-, no consiguió distanciarse, pero su aceleración sirvió para que Dan Martin, inmediatamente después de que Purito parase, atacara. El irlandés atacó con fuerza, pero Valverde respondió a la perfección. El murciano esperó su momento, y arrancó con todo a falta de 200 metros. Alaphilippe, que rodaba a rueda de Valverde desde el comienzo de la ascensión, no pudo con la aceleración del murciano, que se iba a por la victoria en la Flecha Valona por tercera vez consecutiva. El ciclista de Movistar celebró con muchísima alegría la victoria. En meta reconocía que llegaba con más presión que nunca, puesto que su estado de forma nunca había sido mejor a estas alturas de temporada. Su victoria en Huy le valió para situarse como el mejor ciclista de la historia -se dice pronto- en la Flecha Valona. Con cuatro victorias (2006, 2014, 2015 y 2016), se coloca en solitario en lo alto del palmarés de la prestigiosa clásica belga. En el podio lo acompañaron la dupla del Etixx, Alaphilippe, que repetía el puesto conseguido el año pasado, y Martin, al que se le sigue resistiendo la victoria en Huy por más que lo intenta.

Y van cuatro. Alejandro Valverde no se cansa de ganar en Huy. © ASO
Y van cuatro. Alejandro Valverde no se cansa de ganar en Huy. © ASO

La Flecha Valona se decidió, una vez más, en el muro de Huy. Bien es cierto que el terreno no es tan propicio para que haya ataques con en Amstel y Lieja, pero aún así se echó en falta un punto de emoción previo a la subida final, donde Alejandro Valverde ganó con una facilidad insultante. No tuvo problemas para salir a por Martin y no se puso nervioso ante el marcaje al que le sometieron el irlandés y su compañero Alaphilippe, que entró enrabietado en meta dándole golpes al manillar. La misma imagen que en 2015, exactamente la misma. Alejandro Valverde ha ganado con tanta facilidad que nada indica que no vaya a hacerlo igual el año que viene. Con esta victoria, el murciano entra un poquito más en la historia, y en lo que a palmarés en las Ardenas respecta, sólo le supera un hombre: Eddy Merckx. Veremos si Valverde tiene años suficientes por delante para superar al mítico ciclista belga.

 

 

LIEJA-BASTOÑA-LIEJA: WOUTER POELS, UN MONUMENTO DE CICLISTA

Poels entra victoria en meta. El holandés fue muy superior en los últimos metros de la carrera. © Tim de Waele
Poels entra victorioso en meta. El holandés fue muy superior a sus rivales en los últimos metros de la carrera. © Tim de Waele

Como cada año, el último domingo del mes de abril se disputa “La Decana”, el cuarto monumento del año, cuya primera edición data del año 1982. Considerada la carrera más antigua del calendario ciclista, la Lieja-Bastoña-Lieja se disputó bajo unas condiciones climatológicas brutales, con nieve, agua y mucho, mucho frío. Alejandro Valverde era el gran favorito; venía de ganar la Flecha Valona y defendía título, por lo que Movistar asumió el mando  y controló la carrera durante muchísimos kilómetros. Fue aquí, en la Lieja, donde más se acusó la falta de valentía; bien es cierto que las condiciones climatológicas no ayudaban, pero aún así, se echó en falta algún ataque lejano, o simplemente un acelerón que provocara cortes en el pelotón. El pelotón, congelado, devoraba las colinas sin sobresaltos. A falta de 20 kilómetros, más de 50 corredores aguantaban en el grupo cabecero, algo completamente inusual. Ni siquiera la Redoute, situada a menos de 20 kilómetros para el final, sirvió para seleccionar a un pelotón que rodaba cómodamente al ritmo que marcaba Etixx Quick-Step. Salvo una aceleración de un sorprendente Carlos Betancur, nadie probó absolutamente nada. En el muro de Saint-Nicolas, uno de los más duros de todo el recorrido, atacaron Diego Rosa (Astana) e Ilnur Zakarin (Katusha), pero su aceleración tampoco sirvió para romper la carrera, que llegó a la cota adoquinada Rue Naniot, introducida este año por la organización, completamente abierta. Faltaban menos de 5 kilómetros para el final cuando vimos los primeros ataques serios de corredores fuertes. El suizo Albasini (Orica) atacó con fuerza. A su aceleración respondió, en primer lugar, Rui Costa (Lampre-Mérida), seguido de Wouter Poels (Sky) y del incombustible Samuel Sánchez (BMC). Albasini  y Costa coronaron con ventaja, pero el portugués, como suele ser habitual, hizo alarde de su racanería y no dio un sólo relevo a Albasini, lo que provocó que Poels y Sánchez se les echaran encima. Los cuatro llegaron a la última ascensión, Ans, con más o menos 10 segundos sobre el pelotón. Bajo la pancarta del último kilómetro, Albasini atacó de nuevo. Sus acompañantes resistieron el embite a duras penas; Poels, que fue el que mejor resistió a Albasini, lanzó su sprint nada más tomar la curva que lleva a los corredores a la meta. El holandés, fortísimo, no permitió que nadie lo batiera.

El momento decisivo. Albasini ataca en la cota introducida este año, la Rue Naniot, y se marcha con Rui Costa. Instantes después, Poels y Sánchez se unirían a ellos. © Graham Wattson
El momento decisivo. Albasini ataca en la cota introducida este año, la Rue Naniot, y se marcha con Rui Costa. Instantes después, Poels y Sánchez se unirían a ellos. © Graham Wattson

Poels logró la victoria de su vida -el primer monumento en la historia del equipo Sky- por delante de un Albasini que probablemente mereció más, y por delante de Costa, al que otro gallo le podría haber cantado si hubiera sido un poco más generoso a la hora de dar relevos. Samuel Sánchez llegó desfondado y no pudo disputar el sprint; aún así, logró una más que meritoria cuarta plaza a sus 38 años de edad.

Quinto fue Zakarin, que subiendo fue de los más fuertes pero la inexperiencia -era la primera vez que corría la Lieja- le hizo moverse mal, a destiempo. Sin duda, el ruso -ojo con él en el Giro de Italia- podría haber logrado un resultado mejor de haber elegido bien el momento para lanzar su ataque. Valverde, por su parte, anduvo desaparecido. El murciano fue décimo-quinto en meta, mientras que la otra gran baza española, Joaquim Rodríguez, anduvo mejor que en días anteriores y finalizó octavo.

Poels ha logrado la victoria de su vida en un año que está siendo espectacular para él. Albasini fue segundo y Costa tercero. © Tim de Waele
Poels ha logrado la victoria de su vida en un año que está siendo espectacular para él. Albasini fue segundo y Costa tercero. © Tim de Waele

A muchos de nosotros nos quedó una sensación extraña tras la finalización de la Lieja-Bastoña-Lieja, no sólo por el inesperado resultado final, sino por como se desarrolló la carrera. Más allá de la fuga, nadie en el pelotón trató de probar algo medianamente diferente. Terreno hay de sobra; si por algo se distingue esta clásica, es que subes o bajas; no hay llano. Aunque en las últimas ediciones la Lieja venía decidiéndose en la parte final, siempre había ciclistas que no esperaban a las últimas cotas para moverse. Sin embargo, en esta edición, nada de nada. Wouter Poels mostró un estado de forma excepcional en la parte final. El holandés está realizando la mejor temporada de su vida. A la victoria en la Lieja hay que añadirle un triunfo de etapa en la Volta a Catalunya y la general de la Vuelta a la Comunidad Valenciana, donde además también se llevó dos etapas. Poels, que en el Tour de Francia 2012 sufrió una caída que estuvo apunto de retirarlo del ciclismo, vive ahora su mejor momento como profesional. Le ha dado al todopoderoso equipo Sky el primer monumento de su historia, que teniendo en cuenta los ciclistas que conforman o han conformado la plantilla del equipo británico, tiene mucho mérito.

¿Qué se puede hacer para que en las clásicas de las Ardenas haya más espectáculo? Bien, partiendo de la base de que el espectáculo depende de los ciclistas, se me ocurre una medida que bien podría ser efectiva: reducir el número de corredores por equipo de ocho a seis ciclistas. En estas Ardenas hemos visto como Movistar ha dominado de cabo a rabo Flecha y Lieja, mientras que Orica hizo lo propio en la Amstel. Con menos ciclistas, sería mucho más difícil controlar las carreras, y podría ser un aliciente a la hora de atacar. Además, esta medida haría de estas carreras pruebas más seguras para los corredores. Las carreteras por las que transcurren son bastante complicadas en su mayoría y raro es el año que las caídas no son numerosas en las tres pruebas de las Ardenas. Creo que esta medida puede ser beneficiosa para los ciclistas y para el espectáculo. ¿Ustedes qué opinan?

 

 

 

 

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