Se acabó el Tour y, en vez de felicitar a los 174 valientes que llegaron a la meta de los Campos Elíseos, sale más natural hacerlo con todos los que se han tragado las 21 etapas de esta aburridísima edición de la gran carrera francesa.

Recuerdo el vacío que nos dejó a todos el Giro de Italia los días después de terminar o la tristeza de tener que esperar un año más a ver otra Paris Roubaix tras el triunfo de Hayman, pero nada con la Grande Boucle. Año tras año, desde la desaparición de Andy Schleck y la sanción a Contador, el Tour es la mejor carrera del mundo hasta que empieza. Después, salvo las exhibiciones del increíble Peter Sagan, se convierte en un trenecito liderado por los hombres de azul oscuro que forman el Team Sky y su equipo filial en cubierta, el Movistar, sin que nadie pueda o quiera desbloquear la carrera. Poco a poco se va apagando la llama del Tour y tienen más repercusión en la prensa acontecimientos paranormales como la carrera de Froome en el Ventoux que lo que pasa en carrera. Nada que ver con los espectaculares Giros de Italia vividos en los últimos años y con las siempre emocionantes clásicas de adoquines.

Con intención de que gane la carrera un corredor francés, la organización del Tour de Francia prepara recorridos sin apenas contrarreloj y con puertos de montaña de poca altitud. Sin embargo, a la espera de que salga un nuevo talento galo, parece que Bardet y Pinot no les van a poder dar el gusto a sus compatriotas hagan lo que hagan los que mandan. Así que más le vale al Tour de Francia inspirarse más en los recorridos del Giro y no tanto en el estilo de Javier Guillén. Voy a proponerles ideas para que mejore la salud de la carrera:

Reducir el número de corredores por equipo de 9 a 7. Se trata de una medida rápida y fácil que complicaría el férreo control de la carrera por parte de Sky.

Introducir una crono por equipos larga. Obligaría a que las escuadras tuvieran que llevar muchos rodadores en su equipo y que los líderes se quedaran antes solos en las subidas. Además también se deberían aumentar los kilometros de contrarreloj individual para que los escaladores más ligeros se vean obligados a atacar en su terreno.

Prohibir los medidores de potencia en competición. Estos aparatos seguirían siendo muy útiles para entrenar, mientras que su prohibición en carrera haría que los ciclistas compitieran más con el corazón que con la cabeza.

Diseñar etapas con puertos muy duros lejos de meta para que la carrera quede rota e incrementar los minutos de buen ciclismo.

Por último, una medida de la que se está hablando mucho sería introducir un tope salarial, pero para ello se tendría que modificar drásticamente la forma de conseguir ingresos en el ciclismo. Además pienso que no es un factor tan diferencial como nos quieren hacer creer los equipos que utilizan el presupuesto como excusa para no intentar nada en carrera. Lo importante es gestionar bien el dinero y, si nos fijamos en el 9 del Sky en el Tour, sólo Mikel Landa, que no ha sido determinante, era un ciclista de clase mundial cuando fichó por los ingleses.

En definitiva, el rumbo que está tomando el Tour debería hacer reflexionar a las altas esferas del ciclismo. Este deporte no se puede permitir la bazofia que está mostrando en el mayor escaparate para conseguir nuevos aficionados. Señor Prudhomme, señor Cookson, piensen, porque lo que hemos visto en el Tour no es ciclismo.