Ya casi está. El paréntesis que se abre entre el epílogo del Tour de Francia y el inicio de la Vuelta Ciclista a España está a punto de cerrarse. Este sábado arranca la 71ª edición de la ronda española en Ourense, para concluir 3 semanas después en Madrid. El recorrido seguirá con la tónica habitual de los últimos años, con un añadido de etapas de media montaña, las cuales suponen la esperanza de que la carrera no se decida ni por las “cuestas de cabras” ni, por extensión, esas bonificaciones que tan importantes parecen volverse aquí. Será una Vuelta con intenso aroma del Norte e incluso francés.

Hace más de 3 décadas, en 1985, la carrera se disputaba en primavera, entre los meses de Abril y Mayo, es decir, antes del Tour de Francia. Aquella edición de la ronda española experimentó un vuelco inmenso en la clasificación general el penúltimo día. Fue, en mayúsculas, una de las más grandes jornadas que se recuerdan por las carreteras de la península.

El día 11 de mayo, el británico Robert Millar tomaba la salida de la penúltima etapa, en Alcalá de Henares, como líder de la prueba. Aquella etapa parecía de transición, aunque el colombiano Francisco “Pacho” Rodríguez amenazaba a tan sólo 10” al líder la prueba.

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Robert Millar, durante una etapa de aquella Vuelta. Al escocés se le escapó una ocasión de oro para hacerse con la ronda española.

El segoviano Pedro Delgado parecía, estando a más de 6 minutos en la general, totalmente descartado para el triunfo final. Era ya un corredor de prestigio y de nivel, pero era evidente que le seguía faltando un punto para las grandes vueltas de 3 semanas. En aquella edición se había impuesto por vez 1ª en la mítica etapa con meta en Lagos de Covadonga y había sido líder, pero en etapas posteriores se fue dejando tiempo progresivamente y, para rematar, en la víspera de la jornada que vamos a contar volvió a sucumbir en la cronometrada por tierras madrileñas. Incluso su “a priori” gregario y compañero de equipo Peio Ruiz Cabestany se encontraba por delante suyo en la clasificación general.

Aquel 11 de mayo era un todo o nada, y si uno se encuentra “descartado” para la victoria, también obtiene un crédito o permiso mayor para tratar de moverse en carrera. Sin nada que perder y con todo por ganar, Perico aprovechó el movimiento de José Recio para marcharse con él. Ambos se entendieron a las mil maravillas, obviando el “tú la etapa y yo la general”, así que de este modo empezaron a hacer camino. La cercanía del “Pacho” en la general obligaba a Millar a tener sangre fría, a no volverse loco de primeras y salir a por un corredor que perdía tanto tiempo en la clasificación.

Los dos escapados hicieron camino y, para cuando sus rivales quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde. Perico aplicó su nombre para la ocasión, pues en la llegada a su natal Segovia, anduvo “como Pedro por su casa” y fue profeta en su tierra. En meta no había reacción y se vivió quizás lo más emocionante: la larga espera de la llegada del pelotón y el contaje de minutos a su favor. Iban cayendo uno tras otro, hasta que fueron más de 7, y Pedro celebraba con su gente algo para lo que le costó dar crédito y acabárselo de creer.

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Delgado junto a José “Pepe” Recio, durante la etapa en la que dio el vuelco a la carrera. Bendito compañero de fuga.

Entendemos que en un ciclismo cada vez más moderno, perfecto, calculado y perfeccionado, es difícil pedirle hazañas como la del segoviano, más aún si los recorridos no son propicios para ello. Pese a ello, recientemente hemos vivido hazañas memorables como Fuente Dé o la tan similar a la narrada etapa de Cercedilla hace tan sólo un año.

Esta última fue una edición bastante pobre con un final que para nada compensó pero sí pasó a la historia por el prácticamente inesperado vuelco que supuso. Fue un ejemplo de que, pese a las críticas y el modelo seguido por los organizadores, son los corredores quienes dictan sentencia y mantienen viva la llama de la esperanza, y nos permiten creer que aún hay un pequeño lugar para la locura y la épica hacia seguir viviendo grandes días de gloria por España.

Así que bajo esta premisa aguardamos y contamos los días que restan para el inicio de una nueva edición, y nos aferramos al clavo ardiente y a la voluntad de los ciclistas, quienes nos han de hacer volver a vivir grandes tardes de sofá en la ansiada Vuelta a la épica.

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