Otra vez. Una carrera española, en este caso la más importante, ha vuelto a pasarse por el forro la seguridad de los ciclistas. Ayer, a falta de dos kilómetros para el final, un bolardo no señalizado provocó que Steven Kruijswijk se rompiera la clavícula izquierda. Jan Bakelants, que también cayó a causa del bolardo pero, afortunadamente, sin consecuencias graves, se quejó en Twitter de la mala señalización de los kilómetros finales. Carlos de Andrés, voz “oficial” de la Vuelta, le recriminó su tuit, argumentando que nadie busca que los corredores caiga, como señala el belga en su tuit. ¿Ah, no? ¿Entonces, qué coj… pinta un bolardo en medio de una carretera?

La caída de Kruisjwijk. El impacto fue tremendo. © @bicigoga
La caída de Kruisjwijk. El impacto fue tremendo. © @bicigoga

¿Nadie de la organización vio el bolardo? Bueno, teniendo en cuenta que la Vuelta a España la dirigen una pandilla nefasta de incompetentes, me lo creo. Que no es excusa, por supuesto. El año pasado, en la Vuelta al País Vasco, una situación idéntica provocó una caída masiva que destrozó a varios ciclistas. Uno de ellos fue Sergio Pardilla, que se encuentra corriendo la Vuelta. ¿Qué pensará de todo esto?

No aprendemos. Los accidentes no acabaron aquí, ya que unos metros después, una caída dentro del último kilómetro acabó con, por lo menos, 15 ciclistas por el suelo. Y es que el final que la Vuelta planteó ayer en Lugo era una auténtica encerrona; hubiera sido un milagro haber tenido un final limpio. En 10 kilómetros, los ciclistas pasaron de rodar por una autopista -sí, han leído bien- a una carretera que no superaba los cinco metros de ancho. Por su parte, la organización de la Vuelta se responsabilizó de lo ocurrido con un comunicado en el que no dicen absolutamente nada. Philippe Gilbert, que ayer atacó en los últimos kilómetros, se quejaba en la salida de la etapa de la escasa información de las etapas que la organización les da: “lo que pone en el libro de ruta no contrasta para nada con lo que nos encontramos después en la carretera”.

Si tuvieran un mínimo de decencia, La Vuelta indemnizaría a Kruijswijk, que se va a perder lo que queda de temporada por culpa de una irresponsabilidad que debería costar algún despido dentro de la organización de la carrera. Mucho me temo que esto no sucederá. ¿Por qué? Porque les da absolutamente igual. Caídas = espectáculo. Hasta que no maten a un ciclista, no pararán. Yo, les quitaba la licencia World Tour. “Gran vuelta”, dicen. Ya.