Los éxitos de Nairo Quintana, Esteban Chaves, Rigoberto Urán o Fernando Gaviria tapan la verdadera realidad del ciclismo en el país cafetero: una ley de la selva donde reina el dopaje y la omertá, secundada por una federación corrupta y una afición poco formada.

Cualquiera diría que se están haciendo bien las cosas en Colombia para tener la generación de ciclistas que está dominando tantas carreras en la actualidad, pero nada más lejos de la realidad. Resulta contradictorio que la segunda potencia mundial en ciclismo según el ranking UCI no tenga una sola carrera de categoría .1 o superior (con acceso a los equipos World Tour) y ni siquiera un equipo profesional.

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Urán y Quintana subiendo juntos el Zoncolan bajo una bandera colombiana

El Team Colombia, un equipo financiado de forma pública con gestión delegada al italiano Claudio Corti, desapareció en 2015 tras numerosos impagos a sus componentes por la dejadez de Coldeportes (el ministerio de deportes colombiano) y la pésima gestión de sus dirigentes transalpinos. Sin embargo, antes de su creación en 2012 ya existía un equipo profesional, el Café de Colombia – Colombia es Pasión, cuna de campeones como Nairo, Henao o el Chavito, con dirección colombiana y financiación mixta. El gobierno dejó de apoyar a esa formación tras no conseguir invitaciones para las Grandes Vueltas, a pesar de haber ganado el Tour del Porvenir en 2010 y 2011, y decidió dar su plata (3M de euros anuales) a Corti para hacer lobby de cara a una futura wild card en el Giro de Italia. Lo consiguieron, pero el italiano abusó de poder y aquello fue el principio del fin del Team Colombia.

Fabio Duarte Giro de Italia
Fabio Duarte fue el ciclista que más destacó en las participaciones del Team Colombia en el Giro de Italia

Hoy en día, el antiguo Colombia es Pasión, donde creció Nairo, es continental y se llama Manzana Postobón. Siguen con su compromiso de dar paso a ciclistas sub23, junto al Boyacá Raza de Campeones (proyecto apadrinado por Nairo Quintana) son los únicos que compiten también en Europa y también fueron pioneros del movimiento “Por un Ciclismo Ético”, con la introducción de un pasaporte biológico interno. Sin embargo, con esto solo se han ganado trabas por parte del resto del pelotón, que además untan a medios de comunicación para que no informen de sus carreras en el extranjero.

Precisamente, Juan Pablo Villegas, uno de los ciclistas del Manzana Postobón, sufrió de primera mano esas artimañas. En 2015, el equipo tuvo que recalificarse como amateur y Villegas, que venía de ganar la Vuelta a México, no quiso fichar por ningún equipo colombiano. Decidió denunciar públicamente el dopaje generalizado en las carreras colombianas en una entrevista a Alps & Andes. Unos meses después, en ese mismo medio anunció su retirada del ciclismo (finalmente ha vuelto ha competir en 2016 tras el regreso de su equipo a categoría continental) después de recibir amenazas de muerte y una petición para que se disculpara por parte de la propia Federación Colombiana de Ciclismo. Léanlo, pone los pelos de punta. Es triste, pero la situación del ciclismo colombiano es comparable a la del europeo en los años 90. Ahí tenemos a Óscar Sevilla, desterrado en Europa, con 40 años y triple ganador de la Vuelta a Colombia y el Clásico RCN.

Whatsapps de Juan Pablo Villegas
Whats App de Villegas recogido por La Ruta del Escarabajo

Y esa es otra, la histórica Vuelta a Colombia, de categoría 2.2, está reservada a equipos colombianos y de hecho incumplen sistemáticamente el requisito de la UCI de invitar a 5 escuadras extranjeras. Al parecer, la Federación está trabajando para lanzar una vuelta 2.1 de cara a 2018, pero a la vez ha boicoteado un proyecto de iniciativa privada que quería organizar el Tour del Café, una carrera 2.1 que se disputaría en febrero para poder atraer a estrellas mundiales. Como diría el columnista de El Tiempo Gustavo Duncan, la Federación dice “pequeño, pero solo mío”. Una Federación que, además, ha decidido solo hacer uso de 16 de los 24 cupos de ciclistas para el Mundial de Doha.

Todo esto compone un cóctel que provoca que los jóvenes ciclistas colombianos tengan que dar el salto a Europa cuanto antes para no caer en la espiral de ganar a cualquier precio en Colombia. Algo que se vio en el Tour del Porvenir de este año, dónde corrieron como una auténtica banda, cada uno por su lado, con intención de dejarse ver y conseguir un contrato en Europa.

En definitiva, Colombia no se merece esto: si quieren mantenerse en la élite mundial, deben crear una base sólida, con carreras donde sus jóvenes puedan destacar, fomentar un ciclismo justo y limpio, y, sobre todo, no torpedear la iniciativa privada.