Joaquim Rodríguez y Alberto Contador llegaron a la Vuelta Ciclista a España 2012 con sed. Con sed de venganza. El primero, por venir de perder el Giro de Italia por 16 ridículos segundos en la contrarreloj final de la carrera italiana. El segundo, por haber estado sancionado injustamente sin correr durante 6 meses y haber perdido en los despachos el Tour de Francia 2010 y el Giro 2011, entre otros títulos.

Muchos eran -y en este punto he de incluirme- los que presagiaban una victoria fácil de Contador en La Vuelta. Llegaba fresco, habiendo preparado exclusivamente la gran vuelta española durante muchos meses y con ganas de ofrecer su mejor versión y revindicarse tras un año y medio muy complicado para él. Además, La Vuelta de aquel año presentaba un recorrido favorable para Contador: mucha montaña y una contrarreloj dura de 40 kilómetros. Parecía imposible que alguien fuera capaz de hacerle sombra al corredor de Pinto.

Comenzó La Vuelta en Pamplona con una contrarreloj por equipos, y rápidamente llegaron los primeros finales en alto “made in” Guillén: cortos y explosivos. Estos puertos eran más favorables para Rodríguez y Valverde, pero a Contador le daba igual. Atacaba sin parar. En Arrate y Valdezcaray, de donde salió líder Purito, Contador intentó descolgar a sus rivales por activa y por pasiva, sin éxito. Unos días después, en el Fuerte del Rapitán en Jaca, un muro en el que acababa la etapa, cedió varios segundos; no pudo seguir a Rodríguez, que lograba su primera victoria, y a Chris Froome. Dos días después, llegó la primera etapa de alta montaña de La Vuelta: la de Andorra, con final en el inédito coll de La Gallina, un puerto en el que Purito entrenaba a menudo. Aquel día parecía el bueno para Contador. Fue más conservador, y lanzó su ataque a falta de poco más de un kilómetro para el final. Abrió hueco. Pero, cuando todos cantaban su victoria, Alejandro Valverde se sacó de la manga una aceleración que dejó atónito a todo el mundo; cazó a Contador y ganó la etapa. Rodríguez, enganchado a la rueda del murciano, bonificó sobre Contador. Al día siguiente, en Barcelona, la etapa acababa en Montjuic. Contador, rabioso por haber perdido en el último momento el día anterior, atacó a destiempo, y en los metros finales no pudo seguir a Purito, que se alió con Philippe Gilbert y logró una renta en la línea de meta muy valiosa: llegaba al primer día de descanso con un minuto de ventaja sobre Contador. La idea de que el madrileño pudiera lograr una victoria aplastante que muchos presagiábamos al principio de La Vuelta se desvanecía. El de Pinto iba a tener que sudar, y mucho, si quería ganar.

Purito
En el Fuerte del Rapitán, un muro que Guillén descubrió en Jaca, Purito reventó a Contador. El catalán, además, sumó su primera victoria de etapa en aquella Vuelta. © Tim de Waele

Purito Rodríguez esperaba perder el maillot rojo en la contrarreloj. 40 kilómetros cronometrados entre Cambados y Pontevedra eran más que suficientes para que Contador recuperara los 60 segundos que perdía con el catalán, que cuando se enteró de que había aguantado el liderato por 1 segundo no se lo creía. Había hecho la crono de su vida. Efectivamente, Contador completó los 40 kilómetros 59 segundos más rápido que Purito. Allí fue cuando el ciclista de Barcelona empezó a creerse que podía ganar. No quedaban cronos por delante, y hasta aquel momento Contador no había sido capaz de soltarle en la montaña; es más, había entrado siempre por delante de él en los finales en alto.

Antes de llegar a la alta montaña, los ciclistas tenían que superar otro final en un muro terrible: el ya famoso mirador de Ézaro. Esta vez, el primero en atacar fue Purito. Contador le siguió, puso ritmo, pero cedió cuando el líder atacó otra vez. Volvía a caer derrotado ante Rodríguez, que ganaba su segunda etapa y afianzaba el liderato. Ézaro sirvió, aparte de para desesperar a Contador un poco más, para saber que La Vuelta era cosa de dos. Valverde y Froome, posibles aspirantes hasta aquel día, no tenían piernas para seguirlos cuando la carrera se empinaba. Pasado el día de transición en Ferrol, el pelotón se plantó ante tres duras etapas de alta montaña. Aquí tenía que ser. Las frases “los puertos largos le van mejor a Contador” y “antes o después, Rodríguez cederá” se leían en prácticamente todos los periódicos.

Purito-Contador
Día tras día, Contador intentó soltar a Purito. Pocas veces hemos visto tan desesperado al madrileño. © Graham Wattson

Abre hueco. No le siguen. Mira para atrás, y de repente ve una mancha roja. Se acerca. Le va a coger. Falta poco más de un kilómetro para el final cuando Purito caza a Contador en Ancares. Coge aire, espera a que llegue su distancia y ataca. Gana otra vez. Contador, segundo de nuevo. Enfadado, no quiso hablar en meta. Estaba desesperado, y parte de la afición también.

Purito, que estaba corriendo de una forma muy inteligente, estaba siendo objeto de duras críticas. El catalán, muy conservador, se limitaba a seguir a Contador para atacar en los metros finales aprovechando su explosividad y ganar segundos gracias a las bonificaciones. Contador ponía el espectáculo, Purito los resultados. Así es el ciclismo. En los Lagos de Covadonga, más de lo mismo. Contador atacó sin parar, y fue en el mítico puerto asturiano donde más cerca estuvo de soltar a Purito, que en meta reconoció haber sufrido muchísimo para seguir el ritmo del madrileño. Pero lo consiguió. Al día siguiente, a los ciclistas les esperaba el Cuitu Negru: una extensión de tres kilómetros añadida al puerto de Pajares con rampas que superaban el 20% de desnivel. Contador utilizó una estrategia diferente en esta ocasión: usó a sus gregarios para poner ritmo y, cuando se quedó sin ayudantes, atacó. Pero nada. Purito estaba soldado a su rueda. No hubo manera de soltarlo, y mira que lo intentó. Llegó a la línea dos segundos antes que Contador y bonificó. La Vuelta se complicaba muchísimo para el de Pinto. Sólo quedaba una etapa de alta montaña por delante, la de la sierra madrileña, y Purito parecía imbatible. Parecía.

Joaquim era el malo de la película. El villano que tiraba por la borda los planes del héroe, Contador, entregado a su suerte. El madrileño ponía la garra, las ganas y la valentía. El catalán, la calculadora y la frialdad. Estaba corriendo como debía, y analizando la carrera pausadamente, Joaquim no había cometido ni un sólo error en las dieciséis etapas de La Vuelta que habían transcurrido hasta el momento. Estaba haciendo lo que tenía que hacer. Pero el público español, “contadorista” en su mayor parte, estaba en contra de Purito, que estaba echando por la borda, a base de ir a rueda y “aprovecharse” del trabajo de Contador, el retorno perfecto del héroe de Pinto a la competición. Es curioso como, en unos meses, gran parte de la afición pasó de lamentarse por la pérdida del Giro de Italia en el último momento a querer que Rodríguez perdiera La Vuelta a toda costa. Aguantar a Contador en la montaña tiene mucho mérito. Purito estaba logrando algo extraordinario, pero nadie le reconocía su esfuerzo. Todo eran reproches por correr a rueda, por no atacar, pero lo cierto es que no podía, y no debía, correr de otra manera.

No hace falta contar lo que pasó dos días después, en Fuente Dé. Contador reventó la carrera desde lejos, pilló a Purito despistado y ganó La Vuelta con una victoria que ha pasado a la historia del ciclismo. En los 50 kilómetros que duró la escapada de Contador, Joaquim pasó con extraordinaria rapidez de ser el villano de la película a héroe caído. Más aún cuando Valverde le atacó, y dejó a su ex-compañero abandonado a su suerte. Purito tuvo que recorrer los últimos kilómetros de la etapa sólo, cabizbajo, sabiendo que ya nada podía hacer. Todo estaba perdido. Llegó a meta hundido. Acababa de perder La Vuelta. La tenía ganada, pero un pequeño despiste le costó la carrera. Caballero como siempre, reconoció que Contador le ganó «con dos cojones». La resistencia había sido feroz. Lo más difícil había pasado. Pero hasta el rabo todo es toro, y el genial ciclista catalán cometió un error, el más importante de su carrera deportiva, que le costó La Vuelta a España. Ya no era el malo. Fue entonces cuando todo el mundo reconoció su esfuerzo, su garra. En la victoria, todo eran reproches. En la derrota, alabanzas, Es curioso, pero así fue.

Hundido. Joaquim Rodríguez perdió en Fuente Dé la mejor oportunidad que ha tenido nunca de ganar La Vuelta. © Tim de Waele
Hundido. Joaquim Rodríguez perdió en Fuente Dé la mejor oportunidad que ha tenido nunca de ganar una Vuelta a España. De villano a héroe en 50 kilómetros. © Tim de Waele