Apoteósico

Tardaremos mucho en ver una primavera como la que ha protagonizado Greg Van Avermaet (31 años, Lokeren) en 2017. El campeón olímpico ha sido un auténtico vendaval durante los primeros meses de la temporada, ganando allá a donde iba o quedándose muy cerca de conseguirlo.

La primera gran actuación de Van Avermaet en el ciclismo tuvo lugar en 2008, cuando se llevó la clasificación de la regularidad y un triunfo de etapa en la Vuelta a España. Lo cierto es que tardó varios años en ser capaz de destacar en el pavés; parecía destinado a ser un esprinter con capacidad de ganar en repechos, más que un clasicómano  especializado en las piedras como el que vemos hoy en día. No fue hasta el Tour de Flandes del año 2012 cuando tuvo su primera actuación destacada en una clásica de pavés, cuando Van Avermaet ganó el esprint del pelotón para ser cuarto en el monumento belga, que a día de hoy es una de las pocas clásicas que no tiene en su palmarés. Continuó con su lenta pero imparable progresión en 2013, que le dio pocas victorias pero sí varios puestos de honor, como la cuarta posición en la París-Roubaix o la tercera en la Gante-Wevelgem. Al año siguiente comenzó fuerte, quedando segundo en la Omloop Het Nieuwsblad para, unas semanas después, rozar la victoria en el Tour de Flandes, donde sólo un soberbio Fabian Cancellara pudo batir al belga, que se la jugó de lejos y apunto estuvo de conseguir su primer monumento. En 2015 firmó una campaña muy regular en las piedras, logrando el tercer puesto en los dos monumentos adoquinados, aunque no tuvo opciones reales de ganar en ninguna de las dos carreras.

Fue aquel el año en el que todo cambió para Greg, como el mismo ha reconocido. El día que batió a Peter Sagan en el Tour de Francia, Van Avermaet por fin se creyó que podía luchar de tú a tú con los mejores corredores del pelotón. Aunque ya le había superado en una etapa de la Tirreno-Adriatico, batir al eslovaco (en una llegada perfecta para el actual campeón del mundo) en el Tour fue la confirmación que Van Avermaet necesitaba. En 2016 comenzó fortísimo, ganando la Omloop Het Nieuwsblad (su primera clásica de pavés) ante Peter Sagan, flamante campeón del mundo y triunfando en la general de la Tirreno-Adriatico unos días después, donde volvió a batir a Sagan en un mano a mano para el recuerdo. Sin embargo, el buen momento del belga no se prolongó mucho más; Van Avermaet sufrió una caída en el Tour de Flandes que le mandó para casa. Se quedó sin poder disputar las clásicas más importantes de la primavera, aunque se recuperó para el Tour, donde volvió a ganar una etapa, esta vez de media montaña, que le permitió lucir el maillot amarillo durante dos jornadas.

Pero fue sin duda la victoria en los Juegos Olímpicos de Rio la que aupó a Van Avermaet a lo más alto del ciclismo. En un recorrido durísimo, ideal para los mejores escaladores del pelotón, Van Avermaet supo sufrir en las subidas para atacar en los descensos y en el llano para lograr una victoria que ha pasado a los anales del ciclismo por dificultad -el recorrido de los juegos era terriblemente duro- y por ser el primer oro de un ciclista belga en la prueba en ruta. Y, desde entonces, nadie le ha parado. Pese a sufrir una lesión en invierno que le impidió entrenar de la mejor manera posible, Van Avermaet volvió a ganar la Omloop Het Nieuwsblad en un escenario idéntico al de la temporada pasada. Tras calentar las piernas en la Vuelta a Valencia y en el Tour de Oman, el campeón belga volvió a ganar la primera clásica de pavés del año con mucha facilidad ante Sagan. Después, fue a la Strade Bianche, donde fue segundo por detrás de Kwiatkowski, para ir después a la Tirreno-Adriatico, donde fue líder un día pero no se dejó ver demasiado. En la Milán San-Remo no pudo seguir a Sagan en el Poggio y finalizó en una discreta 21º posición. Ahora, fue tocar las piedras de nuevo, y volver a volar. Ganó el E3 Harlbeke y la Gante Wevelgem con muchísima determinación, y en el Tour de Flandes no pudo pelear por la victoria tras irse al suelo junto a Sagan y  Olivier Naesen el último paso por el Oude Kwaremont. ¿Habría capturado Van Avermaet a Philippe Gilbert de no haberse caído? Es probable, puesto que en el tramo final, pese a las magulladuras que sufría a causa del incidente con Sagan, se acercó mucho a su ex-compañero de equipo. Pero no pudo ser, y finalizó segundo, logrando así su tercer podio en la clásica que más se le resiste. A la semana siguiente llegó la París-Roubaix, la clásica por excelencia, en la que Van Avermaet tuvo hacer frente a un incidente que en buena lógica pudo haberle dejado fuera de carrera; el belga tuvo remontar en el Bosque de Arenberg tras sufrir una avería mecánica kilómetros antes que le dejó cortado. Pero no se vino abajo, y el belga peleó a contracorriente durante muchos kilómetros. Su compañero Daniel Oss marchaba por delante, hecho que le permitió a Greg coger aire y recuperar las piernas para el tramo final de la carrera. Se supo meter en el corte bueno, y en el pavés empujó con todas sus fuerzas, hasta que sólo Zdenek Stybar y Sebastian Langeveld pudieron seguir su rueda a la salida del Carrefour de l’Arbre. En el sprint en el velódromo, Van Avermaet hizo lo que quiso con sus rivales y se hizo con la victoria en la mejor y más prestigiosa clásica del ciclismo.

Ha sido absolutamente brutal lo que ha logrado Van Avermaet en esta primavera. Se ha quedado a una caída de Peter Sagan de poder pelear por el Tour de Flandes en el que, de haber conseguido la victoria, habría firmado la mejor temporada en las piedras de la historia. Lidera el ranking World Tour con más de 1000 puntos de ventaja sobre sus perseguidores, y ahora acudirá a las clásicas de las Ardenas (correrá, como mínimo, la Amstel Gold Race) antes de parar para preparar el Tour de Francia. Poco más se le puede pedir.

 

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