Así sí, Sagan

Sagan ya es leyenda. Historia viva del ciclismo con sus tres arcoíris seguidos. Lo hizo todo bien ayer en Bergen: corrió agazapado y se aprovechó del trabajo de las demás selecciones. Sin gastar fuerzas inútilmente de cara a la galería; solo queriendo ganar. Bravo. Pero es una victoria que salva una temporada mediocre para su nivel.

El carisma de Peter Sagan es enorme. Tras un inicio de carrera profesional rebelde, véase el incidente con la azafata en Harelbeke 2013, Sagan maduró y nos conquistó a todos con su carácter competitivo allá donde corría. Su primer Mundial fue mi momento más feliz viendo ciclismo, y en Doha llegó el segundo. Se ganó el respeto de toda la afición y de sus compañeros de pelotón.

Sin embargo, este año se le ha subido el éxito a la cabeza. Se ha debido creer que ya lo ha conseguido en el ciclismo, pero todavía le quedan muchas carreras por conquistar. Vale la pena hacer un repaso. En la Omloop ridiculizó a Vanmarcke en el postcarrera preguntándole por qué no había atacado. En la Sanremo corrió como un juvenil sin pedir relevo a Kwiato y después le recordó que le debía unas cervezas. Una semana después, se autoeliminó en la Gante-Wevelgem para joder a Terpstra, cuando ambos estaban en el corte bueno. Después rajó de él en televisión. Seguimos: en Flandes encaró el Kapelmuur tranquilo y retrasado en el pelotón, para después ir toda la carrera contracorriente y caerse con un abrigo tras apurar demasiado las vallas en el Paterberg. En Roubaix no aprovechó para distanciar a Van Avermaet cuando este se cayó. Luego pinchó dos veces y desconectó. Todos sabemos lo que hizo en el Tour de Francia, donde solo corrió cuatro etapas. Más tarde, en el BinckBank Tour pinchó en la etapa reina y se quedó en el grupo de rezagados. Tras atacarlos y fundirlos les pidió relevo y pagó con ellos su frustración por no poder luchar la general. Y por último, en Montreal aplaudió irónicamente a Van Avermaet en la llegada al no poder disputar la victoria. Ha perdido todo el señorío que le caracterizó desde 2014. Este ya no es el Sagan que admiré. Y mientras tanto sus palmeros de Twitter le han reído todas sus extrencidades, lo que no le favorece en absoluto. Allá ellos.

Pero por eso he celebrado su victoria en Bergen. Porque ha vuelto el Sagan de antes de Doha. El Sagan ambicioso, centrado y ganador. En Bergen, Alaphilippe se cargó las opciones de la fuga atacando a Moscon, y Gaviria gastó inútilmente su bala con un ataque de inexperto. A Sagan solo le quedaba superar a Kristoff y lo hizo con un maravilloso golpe de riñón. Y además remató su victoria con unas preciosas declaraciones acordándose del cumpleaños de su amigo Scarponi.

Así sí, Sagan.

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