Visto y no visto

El tiempo es algo relativo. Se puede discutir si existe o si simplemente es una invención humana para ordenar nuestras vidas. Se puede incluso opinar que el tiempo nos estresa, nos preocupa y nos hace ser totalmente dependientes de unos algoritmos de vida.

Lo que nadie discute sobre él, es su relatividad, es decir, cómo nuestro subconsciente nos la juega a todos nosotros en algún que otro periodo y nos hace tener la fuerte creencia de que éste pasa a extrema velocidad cuando estamos disfrutando de una actividad, de igual modo que nos tortura y parece alargarse amargamente cuando vivimos algo que, con todas nuestras fuerzas, preferiríamos que culminase.

¿Cuál de las dos nos fastidia más? A saber. Cada uno sabrá, es algo totalmente subjetivo, como la propia cuestión del paso del tiempo. Ahora bien, hoy nos gustaría hacer hincapié en la fugacidad del tiempo que disfrutamos, y es que, si nos referimos al mundo de las dos ruedas, ahora es el momento de pararse y reflexionar sobre ello.

La temporada ciclista ha prácticamente culminado. Una vez termina la Vuelta a España, aún nos agarramos con fuerza a las carreras que auguran el final de temporada; las clásicas canadienses, los Mundiales, la Milán-Turín, la guinda que supone la monumental Lombardía, o la preciosa París-Tours.

Una vez han concluido, ya no queda donde agarrarse, y de pronto se instala el vacío. Enorme, por cierto. La sensación de los aficionados ante todo esto es como para tirarnos de los pelos.

¿Cómo es posible? Parece que el Tour Down Under comenzó ayer, juraríamos que vimos hace nada a Richie Porte imponerse de nuevo en Willunga Hill. “No, definitivamente no puede ser real”– nos decimos a nosotros mismos.

Pero sí. La realidad es que sí lo es. Tal vez, sin embargo, no sea todo esto una mala señal del todo. Tal vez, insisto, quiera decir que nos lo hemos pasado bien, que cada aventura vista tras la pantalla nos ha hecho más amenos nuestros días, porque tiempo suficiente hemos tenido de vivir unos cuantos, y de toda índole además, ya hayan sido mejores o peores, ¿no? En definitiva, el ciclismo ha sido nuestro gran acompañante durante estos últimos meses y ahora nos tocará lidiar con su temporal ausencia.

Corta toda ella en comparación a su duración, lo cierto en todo esto sigue siendo que la cuestión de la subjetividad del mismo tiempo se nos vuelve a presentar sobre la mesa. Y es que tres míseros meses pueden hacerse mucho más longevos que lo que hayan podido suponer los nueve que dura la temporada de competición.

Para los que nos sufren y “aguantan” nuestros sermones ciclistas, aquellos benditos que se han querido mostrar en ocasiones interesados en el tema sólo para permitirnos compartir nuestra pasión con alguien, ahora llegan sus “vacaciones ciclistas”, y con ello, por qué no decirlo, un alivio.

Para nosotros, en cambio y a modo de contraste, nos tocará lidiar con un gran y ya mencionado vacío, el cual debe servirnos como oportunidad para aficionarnos o dedicarnos a otros intereses personales, siempre que nuestras obligaciones rutinarias, que nos ahogan por momentos, nos lo permitan.

Con todo ello lograremos que la espera sea lo menos sufrida posible y, aunque no por ello menos duradera, tal vez logremos que lo parezca. Porque el tiempo no deja de ser eso, tiempo. Y aprender a dominarlo o, mejor dicho, gestionarlo, puede ser nuestro gran aliado.

No nos engañemos, nada, insisto, nada va a poder sustituirlo de igual forma. Al ciclismo lo amamos demasiado. Hace que se nos caiga la baba. Pero debemos intentarlo, probar, experimentar, desconectar incluso. Todavía no hemos aprendido a hibernar. Es más, aún siendo unos hipotéticos dominadores de tal técnica, parece complicado que algún día nos lo pudiéramos llegar a permitir.

En cuanto menos nos lo esperemos ya estarán nuestros campeones de vuelta, soñando todos ellos, fijando la vista al frente, visualizando nuevos objetivos y asimilando lo que se les viene encima. Y a nosotros, que les disfrutaremos, también. Y ya podremos, entonces, frotarnos de nuevo las manos. Lo habremos aguantado.

Será todo una cuestión de tiempo. Aprendamos a manejarlo y convirtamos la tediosa y larga espera justamente en eso, en una mera cuestión de tiempo. En un visto y no visto.

Nos vemos pronto.

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