La rutina de lo extraordinario

La siempre entretenida y nunca transmitida en directo Challenge de Mallorca nos ha brindado un nuevo ejemplo de lo mal acostumbrados que estamos. Hemos llegado a un punto en el que ver cosas realmente increíbles son, prácticamente, un acontecimiento cotidiano.

Alejandro Valverde, tras destrozarse la rodilla izquierda en el prólogo del Tour de Francia hace apenas medio año, ha vuelto a ponerse un dorsal en Mallorca. Como si nada hubiese pasado. Como si su carrera deportiva no hubiera estado en peligro, como el mismo reconoció pensar cuando vio su rodilla tras la caída en el Tour. Tercero en el Trofeo Sierra de Tramuntana y cuarto en el Lloseta-Andratx, el ciclista del Movistar ha demostrado estar listo para pelear, una vez más, por ganar las mejores carreras del mundo. Todo aquel que me conozca sabe que nunca me ha gustado su ciclismo conservador y pancartero, pero al César lo que es del César. Su actuación en la Challenge de Mallorca ha sido, más que inesperada (yo, personalmente, no tenía ninguna duda sobre su recuperación), muy meritoria. Tras tanto tiempo sin ponerse un dorsal, volver así (con 37 años) tiene mérito. Mucho mérito. Y me alegro.

Distinto en la forma pero similar en el fondo es el caso de John Degenkolb. Por fortuna, no he sufrido nunca un accidente de tráfico. Imagino que tiene que ser algo durísimo tanto física como mentalmente, y más si eres ciclista profesional y no te queda otra que seguir saliendo a la carretera día tras día para ejercer tu profesión. El ciclista alemán del Trek-Segafredo se ha hecho con la victoria en los dos sprints que se han disputado en esta Challenge de Mallorca, en el Trofeo Campos-Ses Salines y en el Trofeo Palma. Han pasado dos años desde que sufriera aquel fatídico accidente de tráfico, que bien podía haber acabado con su vida, cuando entrenaba por carreteras valencianas. En 2016 volvió a ponerse un dorsal y, además, consiguió ganar una carrera en octubre: el Münsterland Giro. En 2017 dejó el Team Sunweb para fichar por el Trek-Segafredo, al que le dio una victoria en el Tour de Dubai, a principios de año. Después, aunque logró buenos puestos en las clásicas y en algunas etapas del Tour de Francia, no logró mostrar el nivel que tenía antes del accidente.

Degenkolb

Degenkolb celebra la victoria en el Trofeo Campos-Ses Salines © Kramon

Y, lo cierto es que, a día de hoy, Degenkolb todavía no ha mostrado su mejor versión. Sin embargo, viendo la Challenge de Malloca, parece que el corredor (y policía) alemán ha seguido el sendero correcto en su camino hacia su mejor forma. Ojalá sea así, y el ganador de la Milán San-Remo y la París-Roubaix vuelva a ser lo que una vez, hace no tanto, fue. Hace dos años estaba en una cama de un hospital de Valencia con el dedo índice colgando, literalmente, de su mano. Si lo piensan, no es tanto tiempo. Es más; yo diría que es poco. Muy poco.