Como el sol cuando amanece…

La libertad. Tan apreciada y ejercida a diario por muchos de nosotros, como odiada intensamente por otros. Fue precisamente el libre albedrío lo que experimentó ayer Mikel Landa mientras ascendía Sarnano Sassotetto. El fantástico escalador alavés, tras tres años viéndose obligado a trabajar para otros en las mejores carreras del mundo, por fin es libre. Y que mejor manera de estrenar su libertad que alzando los brazos recordando al gran Michele Scarponi.

La cuarta etapa de la Tirreno Adriatico, la reina de esta edición de la concurrida carrera italiana, finalizaba en Sarsano Sossotetto, un puerto de primera categoría de 14 kilómetros de longitud. El Sky se hizo cargo del pelotón durante los 205 kilómetros previos a la ascensión final, en los que, como era de esperar, nada relevante sucedió.

El Astana de Miguel Ángel López marcó el ritmo en la primera parte del puerto, la más asequible, preparando el ataque del colombiano que, efectivamente, llegó. A falta de 5,5 Km, López aceleró. Instantes después, saltaron Fabio Aru y Rafal Majka y se fueron en busca del corredor del Astana, que apenas había logrado una centena de metros de ventaja. A falta de 3,5 Km, López, Aru, Majka y Ben Hermans, que también había acelerado, rodaban en cabeza con 25 segundos de ventaja sobre un pelotón en el que Sky había activado el tren.

Pasada la pancarta de los últimos tres kilómetros, atacó Mikel Landa. Manos en el manillar, cabeza abajo y que me siga el que pueda. Nadie pudo. Cazó primero a López, con problemas mecánicos. Después, a Aru y a Hermans. Por último, a Majka, que rodaba con unos metros de ventaja. Iba lanzado.

Landa Tirreno

Sin mirar para atrás. Landa se ha exhibido en la cuarta etapa de la Tirreno Adriatico. © BettiniPhoto

El corredor vasco llevaba al límite a sus rivales, pero lo más duro del puerto había pasado. Las pendientes en el kilómetro y medio final eran muy llevaderas. Se la jugarían al sprint. El primero en arrancar fue Aru, a 500 metros. Después, George Bennett, que había conseguido llegar desde el pelotón. Por último, Majka. Nada. Landa tenía la situación bajo control. Pasó al polaco sentado, entro primero en la última curva y celebró con rabia y muchos aspavientos, como suele ser habitual en él, su primera victoria con el Movistar Team. Por detrás, el mal fario que persigue al conjunto Sky en Italia volvió a escena. Geraint Thomas, a falta de 1 kilómetro, tuvo que cambiar de bicicleta por un problema con la cadena. El líder de la Tirreno, ayudado por Chris Froome, que se había dejado llevar tras el ataque de Landa, se dejó 40 segundos en meta, aunque su compañero Michal Kwiatkowski salvó la carrera para el Sky, que sigue teniendo la carrera bajo control. El polaco entró con el segundo grupo de favoritos y se quedó a 1 segundo del liderato que ostenta Damiano Caruso, que también aguantó en el grupo junto con Kwiatkowski, que pasa a ser el gran favorito para ganar la Tirreno.

Mikel Landa se metió a la afición en el bolsillo en el mes de julio. Su agresividad en la bicicleta y en las entrevistas hace del español un ciclista, cuanto menos, llamativo. Le gusta dar espectáculo, le gusta atacar y le gusta hacer disfrutar a la afición. Durante la pretemporada prometió ataques y ha cumplido. En las dos carreras en las que se ha puesto un dorsal, en la Vuelta a Andalucía y ahora en la Tirreno, ha atacado en cuanto ha tenido la más mínima oportunidad. Digno heredero. “Esta victoria me confirma que voy por el buen camino. Ya sabía que estaba en buena condición, pero siempre es importante y conseguir un éxito como este tan pronto siempre ayuda para que todo vaya mejor. La primera victoria con un equipo nuevo siempre te da más confianza. Y en este caso es todavía más especial por ser aquí, en casa de mi amigo Michele Scarponi. El gesto al cielo era para él. Siempre está con nosotros y siempre le recordaremos. ¿La general? Habrá que pelear hasta el final, pero de momento vamos a pensar día a día”. Vuela libre, Landani.