Cambio de ciclo

Tras varios años (demasiados) donde las clásicas de las Ardenas destacaban por ser carreras tediosas, repetitivas y simples, en 2018 hemos tenido por fin una semana de ciclismo entretenida, con ataques relativamente lejanos, con emoción y un mínimo de análisis táctico que echábamos mucho de menos en unas clásicas que antaño eran una auténtica guerra, similar a la que hoy en día se vive en las carreras con pavés.

VALGREN Y LA AUTODETERMINACIÓN

Valgren
Salió a ganar y ganó. © Bettini Photo

En la Amstel Gold Race, que el año pasado se renovó por completo alejando la línea de meta del Cauberg y del resto de cotas para favorecer los ataques y el espectáculo, la victoria se la llevó Michael Valgren, que en esta primavera se ha confirmado como un clasicómano de primera línea. Tras ganar en febrero el Omloop Het Nieuwsblad y ser cuarto en el reciente Tour de Flandes, Valgren acudió a la Amstel pensando única y exclusivamente en la victoria. Cuando la carrera quedó seleccionada tras pasar por las diferentes cotas, con Alejandro Valverde, Julian Alaphilippe, Peter Sagan, Enrico Gasparotto, Roman Kreuziger, Jakob Fuglsang y el propio Valgren en cabeza, el danés fue, de largo, el que más ímpetu y tesón mostró. No paró de moverse hasta que consiguió marcharse en solitario a unos cinco kilómetros para el final, con su ex-compañero Kreuziger a rueda. Para cuando Sagan y Valverde quisieron reaccionar, ya era tarde. Lo de siempre, vamos.

Valgren, mucho más rápido que Kreuziger, barrió al checo en el sprint, mientras que el italiano Gasparotto, que también había saltado por detrás, fue tercero en su carrera fetiche. Curiosamente, los tres tienen la Amstel Gold Race en su palmarés; sin ir más lejos, hace un par de años Gasparotto había ganado la carrera en las narices de Valgren, mucho más endeble por aquel entonces, que llevó en volandas al italiano hasta los últimos metros. Fue la última edición en la que la meta estaba situada un kilómetro después del Cauberg. Bendito cambio (y yo lo critiqué. Decía no se qué de la tradición. Menudo imbécil).

 

LARGA VIDA AL REY

CYCLISME : Classique La Fleche Wallonne - Huy - 18/04/2018
Al fin. Tras varios años rematando al poste en las mejores clásicas del mundo, Alaphilippe consiguió en Huy su primera victoria en una de ellas. © Tim de Waele

La verdad es que hubiéramos tomado por loco al que hubiera previsto ataques a 60 kilómetros para el final en la Flecha Valona. Pero sí. Efectivamente, este año, en la clásica más monótona del calendario ciclista, hubo ciclismo del bueno. Es más; posiblemente haya sido la mejor clásica de las Ardenas. Los Bahrein-Merida, con Vincenzo Nibali a la cabeza, movieron el árbol desde lejos, en el primer paso por Huy. Desde entonces, hubo un berenjenal de ataques y cortes hasta que Nibali, acompañado por Jack Haig y Maximilian Schachmann, se fue en solitario. Un espectacular Mikel Landa, el único gregario de Valverde que ha dado la cara en las Ardenas, mantuvo a raya la diferencia, que nunca subió del minuto. Pese a ello, de no haber sido por el arreón que pegó Tiesj Benoot en la Cote de Chevare, la última antes de llegar a Huy, Nibali, Haig y Schachmann habrían peleado por la victoria.

En muchas ocasiones olvidamos lo fácil que se ven las carreras desde el sofá de casa, por mucho pinganillo que lleven los ciclistas. Como sería el descontrol que Alaphilippe pensaba que no había ganado, que estaba Nibali por delante. Pero no, ganó. El francés, tras una aproximación bestial a Huy del Quick-Step, entró perfectamente colocado en el muro más famoso del mundo. Tim Wellens aceleró desde abajo, con su compañero Jelle Vanendert a rueda, pero Alaphilippe midió los tiempos a la perfección. Atacó y se fue sólo a unos 200 metros para el final. Eso sí, para él se queda el susto que se debió pegar cuando vio venir a Valverde cinco metros por detrás. Al murciano, entre que no tenía las piernas de los años anteriores y que no estuvo lo mejor colocado posible, se le hizo imposible cazar a Alaphilippe. Tuvo que remontar posiciones y cuando quiso arrancar, el francés ya estaba lejos. Pese a todo, Valverde fue segundo ante ciclistas mucho más jóvenes que él, y sólo le pudo superar el hombre que está destinado a reinar en esta carrera durante los próximos años. Tras cuatro años consecutivos logrando la victoria en Huy, Valverde fue derrotado. Aunque, desde luego, con la cabeza bien alta.

 

A LA PERFECCIÓN

Jungels
Jungels, en pleno esfuerzo durante los últimos kilómetros de La Decana. © Tim de Waele

Ayer pasamos de cero a cien en cuestión de segundos. En la Lieja-Bastoña-Lieja no estaba sucediendo nada, absolutamente nada, hasta que los ciclistas llegaron a la Roche aux Faucons. Un breve ataque de Philippe Gilbert precedió la exhibición de Bob Jungels, que nos regaló a los amantes de este deporte unos minutos de ciclismo que yo, personalmente, tardaré en olvidar. Qué clase. Qué porte. Qué manera de medir fuerzas. Maravilloso.

Fue el propio Jungels, pensando en Alaphilippe, el que marcó el ritmo en el grupo de  los favoritos durante la subida a la Cuesta de las Águilas. Unos quince ciclistas coronaron en cabeza. Aprovechando el típico parón tras una cota exigente que se produce cuando los corredores aprovechan para respirar y comer la última barrita de energía de la jornada, Jungels atacó. No le volverían a ver. Bajó como una moto hacia San Nicolás, mientras que por detrás nadie quería asumir la persecución. Los ataques de fogueo de Daniel Martin, Alejandro Valverde y Tim Wellens sólo provocaron que la ventaja de Jungels, que estaba en los 40 segundos, se solidificase. En la Cote de Saint-Nicolas, el campeón luxemburgués se reguló a la perfección; no le hacía falta exprimirse. Por detrás, Jelle Vanendert lanzó el ataque de su vida, soltó a todos y, tras coronar Saint-Nicolas, tenía a Jungels a 20 segundos. Pero se le había acabado el gas. Jungels volvió a activar el modo avión camino de Ans y, en el último kilómetro, la victoria ya era suya. Subió el último repecho sabiendo que iba a lograr su primer monumento mientras que, por detrás Romain Bardet y Michael Woods lograron abrir un hueco no demasiado holgado que, sin embargo, lograron sostener hasta el final. El canadiense logró un segundo puesto que le debe saber a gloria tanto a él como a su equipo (Woods es el primer canadiense de la historia que sube al podio de la Lieja-Bastoña-Lieja), con Bardet tercero. Alaphilippe, cuarto, entró en meta por delante de Domenico Pozzovivo celebrando el triunfo de su compañero. Valverde, sin piernas, no consiguió ni entrar en el top diez.

VALVERDE
Valverde no ha rendido al nivel esperado en estas Ardenas, aunque al murciano no podemos pedirle más a estas alturas de su carrera deportiva. © Bettini Photo

No diré que han sido sobresalientes porque estaría mintiendo, pero no cabe duda de que hemos vivido una semana de ciclismo notable en las Ardenas. La Amstel Gold Race ha confirmado que el cambio de recorrido fue una decisión excelente. En la Flecha Valona los ciclistas demostraron que cuando quieren jugar al ataque, el recorrido que tengan por delante queda en un segundo plano. La Lieja ha sido, quizás, la peor de las tres, puesto que no hubo ni un sólo movimiento hasta la Roche aux Faconds. Pese a todo, la exhibición en solitario de Jungels, acostumbrados a ver un sprint en la recta de Ans, deja en un segundo plano todo lo demás.

En teoría, la parte final de la Lieja-Bastoña-Lieja cambia a partir del año que viene. El contrato de la ciudad de Ans con ASO finaliza este año, por lo que se supone que a partir del 2019 la meta estará situada en otro lugar. Teniendo el ejemplo de la Amstel, es posible que la organización decida alejar la línea de meta de las cotas. De no haber sido por el certero ataque de Jungels, la Lieja, que estaba siendo una carrera totalmente insípida hasta que Jungels activó el turbo, habría vuelto a decidirse al sprint. Sin embargo, tras muchos años quejándonos de la inexistente ambición de lo corredores en las Ardenas, este año toca reconocer su esfuerzo y aplaudir el coraje que han mostrado la mayoría de ellos.

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