Los ciclistas salvan al Giro

El periplo del Giro de Italia por Israel ha terminado. Por fortuna. El pelotón de la corsa rosa ha transitado por lugares remotos, donde la tradición ciclista es nula y donde será muy difícil de implantar. El espectáculo del prólogo, con Tom Dumoulin a la cabeza, y la lucha del BMC por la maglia rosa, han salvado al Giro, que ha vivido en Israel tres anodinos días de los que nadie se acordará en un futuro no muy lejano.

La primera etapa de este Giro de Italia, un prólogo de nueve kilómetros en Jerusalén, ha sido la mejor de las tres con diferencia. Las grandes vueltas siempre deberían empezar con una contrarreloj así, de este estilo, con un trazado no demasiado largo que esconda partes exigentes donde se puedan crear las primeras diferencias entre los favoritos. Además, con un prólogo o, en segundo caso, con una contrarreloj por equipos, evitas el peligro que suponen las etapas en línea en la primera jornada de una grande, en las que los esprinters van como pollos sin cabeza a por la etapa y el liderato y el peligro es considerable. De esta manera, te evitas líos.

Ganó Tom Dumoulin en Jerusalén por dos segundos ante Rohan Dennis y Victor Campenaerts. Era orgásmico ver rodar al vigente campeón del Giro y campeón del mundo de contrarreloj por las calles de la capital de Israel. Salir último, con todas las referencias a su favor, le benefició; marco el mejor tiempo en el punto intermedio, se reguló a la perfección y se hizo con la etapa y la maglia rosa en la línea de meta. Además, a sus principales rivales les endosó unos cuantos segundos. A Chris Froome, que se cayó por la mañana en el reconocimiento del recorrido y fue incómodo durante toda la contrarreloj, le metió 37 segundos. A Fabio Aru le cayeron 50. A Miguel Ángel López 56. En nueve kilómetros. Y queda otra crono.

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Se los comió. Dumoulin no dejó títere con cabeza en el prólogo y dio un golpe de autoridad en la primera jornada del Giro. © Cor Vos

La segunda etapa, de 167 kilómetros entre Haifa y Tel Aviv, la salvaron los ciclistas del BMC. Había un esprint intermedio a mitad de recorrido, con tres, dos y un segundo de bonificación para los tres ciclistas que pasaran primero por él. Por lo tanto, si Dennis pasaba en primer lugar, le arrebataba la maglia rosa a Dumoulin. Así fue. El conjunto norteamericano tiró durante la primera parte de la etapa. No consintieron que se marcharan escapados por delante, prepararon bien el esprint y Dennis pasó primero. Maglia rosa para el australiano y Dumoulin, encantado. Después, Guillaume Boivin dio presencia al equipo local, el Israel Cycling Academy, hasta que el pelotón empezó a preparar el esprint. Fue una volata bastante sosa, pero el nivel de los esprinters de este Giro es el que es. Ganó fácil Elia Viviani, que tuvo que remontar en el kilómetro final, por delante de Jakub Marezcko y Sam Bennett. Dennis, por su parte, nuevo líder de la carrera. Lo cierto es que la etapa, entre unas cosas y otras, se hizo amena.

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El público, sobre todo en la etapa de Jerusalén, respondió todo lo bien que cabía esperar. Sin embargo, se notó que es un país sin tradición ciclista. © Tim de Waele

Otro gallo cantó ayer. Madre mía, que coñazo. 229 kilómetros de etapa por pleno desierto entre Be’er Sheva y Eliat, con más camellos que espectadores viendo a los corredores. En fin. El pelotón se fue tragando los kilómetros con sopor y aburrimiento hasta que la cosa se animó un poco cuando se acercó el final. Pero vamos, que poca cosa. El Quick-Step dominó a placer, colocó perfectamente a Viviani, que volvió a remachar a sus rivales con facilidad. En esta ocasión, el segundo puesto lo ocupó Sacha Modolo, por delante de Sam Bennett, que volvió a ser tercero. Debió ser sancionado el irlandés, que cambió groseramente de trayectoria en los últimos 200 metros empujando a Viviani hacia las vallas. Le dio igual. Ni protestó. El italiano está en racha y su equipo también. Pocas volatas le veo perdiendo en este Giro de Italia, francamente.

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Dos de dos para Viviani en lo que va de Giro. © Tim de Waele

Hoy, jornada de descanso obligada para que toda la infraestructura del Giro se traslade a Italia, a Catania, donde empezará otra carrera completamente distinta. Si no me gustó que en su día la carrera saliese de Irlanda, pues que le voy a contar de Israel. Les habrán soltado mucha pasta, pero el Giro ha pasado con más pena que gloria por las carreteras israelitas. La etapa de ayer fue infumable, pero el prólogo fue entretenido y la del sábado no estuvo mal, con cambio de líder y la expectativa que genera siempre la primera volata de una gran vuelta. A partir de ahí, poco más. En Catania comienza mañana otro Giro, con una etapa que, sobre el perfil, se antoja entretenidísima.

A día de hoy, veo difícil que alguien pueda conseguir batir a Tom Dumoulin. Si está en el estado de forma del año pasado, va a ser muy complicado superar al holandés, que aún tiene 34 kilómetros sobre la cabra para marcar diferencias. Pero, como se suele decir, el Giro no ha hecho más que empezar. De hecho, no lo ha hecho. Lo hará mañana, en Catania.