Rosa fosforito

Sé que el título me ha quedado un poco cursi pero me parece que define a la perfección lo que ha sido el segundo bloque de etapas -magnífico en todos los sentidos- de este Giro de Italia. Simon Yates afronta el último día de descanso con 2:11 sobre Tom Dumoulin, siempre inferior al británico cuando la carretera ha mirado para arriba durante estos días. De hecho, sólo Chris Froome en el Zoncolan le ha hecho algo de sombra a Yates, que está a unos días de lograr una victoria que pasaría a los anales del Giro.


La segunda semana de la corsa rosa comenzó de la mejor manera posible, con una etapa preciosa en la que Matej Mohoric confirmó que se va a inflar a ganar durante la próxima década. Al día siguiente, la organización preparó un final de etapa magnífico en Osimo, en pleno corazón de Italia. Una encerrona típica del Giro, teniendo a los ciclistas bajando, subiendo y girando a izquierda y derecho durante 15 kilómetros. A poco menos de dos kilómetros, Yates atacó en la parte más dura del repecho final. Dumoulin, algo retrasado, no pudo coger la rueda del líder, que mantuvo no más de treinta metros de ventaja con el holandés hasta la línea de meta en un mano a mano estupendo. Ganó la etapa, la segunda tras la victoria en el Gran Sasso, y amplió ligeramente su ventaja en la general. Parecía que Dumoulin seguía teniendo el Giro bajo control, limitando pérdidas con Yates en un terreno muy favorable para el corredor del Mitchelton-Scott.

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Una imagen vale más que mil palabras. © Tim de Waele

El Giro llegaba, dos años después, al circuito de Imola, famoso por albergar batallas memorables en la Fórmula 1 y por ser, también y por desgracia, el lugar en el que Ayrton Senna perdió la vida en un fatídico accidente en 1994. La etapa tenía un perfil calcado al de 2015, con una pequeña subida previa al circuito que le puso emoción al desenlace de la jornada. Además, e igual que hace un par de años, la lluvia marcó el transcurso de la etapa. Carlos Betancur y Matej Mohoric consiguieron llegar al último kilómetro con algo de ventaja, pero no pudieron hacer nada ante Sam Bennett, que más que esprintar atacó a 400 metros de meta. El irlandés, fortísimo, logró su segunda victoria en este Giro y parecía que la lucha por la maglia ciclamino, en manos de Elia Viviani desde Israel, se reavivaba. Sin embargo, al día siguiente, en una jornada completamente plana, el italiano volvió a ganar por delante del propio Bennett y de Danny Van Poppel, dejando vista para sentencia la clasificación de la regularidad y sumando su tercera victoria parcial en este Giro.

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Bennett consiguió una gran victoria bajo la lluvia en Imola. © Bettini Photo

Y llegó el Zoncolan. El puerto más duro de Europa (o, por lo menos, la montaña más dura accesible en bicicleta) nos deparó un espectáculo bonito, con emoción hasta el último metro, pero lo acaecido en sus rampas fue bastante irrelevante en lo que a la general respecta. Chris Froome demostró por qué, para mal o para bien (debate que no pretendo abrir aquí), es uno de los mejores ciclistas de la historia. Llegó al Zoncolan con el Giro prácticamente perdido, perjudicado por las caídas y habiendo podido abandonar para preparar el Tour y, sin embargo, salió a ganar… y ganó. Actitud de campeón. El excelso trabajo de Wout Poels, que sería líder en cualquier otro equipo, preparó el ataque de Froome, que llegó a unos 4 kilómetros para el final, en uno de los tramos más exigentes de la ascensión. Abrió algo de hueco con Yates, unos diez segundos, que nunca consiguió incrementar pero que logró sostener. Los favoritos subieron de uno en uno el Zoncolan, como suele ser habitual en estos puertos, siempre con la referencia del ciclista de delante, lo que ameniza ligeramente la ascensión a un puerto de estas características. Yates, en la zona de los túneles, se acercó a Froome, pero el del Sky mantuvo las diferencias y consiguió ganar la etapa. Yates cedió tan sólo 6 segundos, mientras que Domenico Pozzovivo, que está con las piernas de su vida en este Giro, llegó a 23. Miguel Ángel López, que le arrebató la maglia blanca a Richard Carapaz, lo hizo a 25 mientras que Tom Dumoulin cruzó la meta 35 segundos después de Froome. La clasificación general se apretaba, Froome metió miedo al personal… pero la alegría para el vigente campeón del Tour de Francia y la Vuelta a España fue efímera. Muy efímera.

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Con su victoria en el Zoncolan, Froome ya ha ganado etapas en las tres grandes vueltas. © Tim de Waele

Entre Tolmezzo y Sappada se ha disputado la que probablemente vaya a ser la mejor etapa de este Giro de Italia. Una jornada de media montaña a los pies de los Dolomitas, con ascensiones cortas pero exigentes en medio de parajes espectaculares. Como cabía esperar, se formó de salida una escapada muy numerosa. Sin embargo, el trabajo del Education-First echó abajó todas las expectativas de los escapados. El conjunto americano quería intentar recuperar tiempo con Michael Woods, que atacó (o se suicidó, mejor dicho). No fue muy muy lejos. La inercia del pelotón, comandado por el Mitchelton-Scott, comprimió la carrera. Las oportunidades para los escapados están siendo prácticamente inexistentes.

En los últimos 40 kilómetros, los corredores tenían que superar tres subidas: el Passo di Sant’Antonio, Costalissoio y Sappada, donde terminaba la etapa. El Astana puso ritmo en la primera, aunque era demasiado pronto para atacar. Sin embargo, en la última parte del descenso, Miguel Ángel López aceleró. El colombiano se llevó a Yates, Pinot, Dumoulin, Pozzovivo y Carapaz a rueda. Sin embargo, Froome se quedó algo cortado. Empezó a subir Costalissosio con 50 metros perdidos, no más, pero no se quedó por ir mal colocado. Se quedó por falta de fuerzas. Por delante no pararon al ver los problemas del británico, que acabó cediendo 1:32 en meta y diciendo adiós a prácticamente todas sus opciones de ganar la carrera; pagó el terrible esfuerzo que hizo el día anterior en el Zoncolan. No se va a rendir, eso sí. Si hace buena contrarreloj, puede meterse de lleno en la lucha por el podio. Y quién sabe, cosas más raras se han visto. Pero lo tiene muy, muy difícil, sin duda alguna, y más viendo como está Yates.

Es que la verdad es que lo de Yates es para echar de comer aparte. Se está pegando unas exhibiciones de otro tiempo. Hoy, en la parte más dura de Costalissosio, volvió a hundir al personal. Atacó,  coronó con ventaja, la sostuvo con descenso y la incrementó camino de Sappada, sobre un terreno en el que se va mucho mejor a relevos. Cierto es que todos (Pinot, Carapaz, López y Pozzovivo) iban mirando a Dumoulin, que iba bastante cabreado. Más que nada por que se estaba dando cuenta de que no va a ganar el Giro salvo que Yates baje el nivel en la tercera semana, cosa que parece cada vez más improbable. Encima, cogió Carapaz y atacó, llevándose al resto a rueda menos a Dumoulin, que prefirió ir a su ritmo. Volvió a enganchar y llegó a meta tercero, a 41 segundos de Yates. Segundo fue López, que empieza a ir a más en el Giro, con Pozzovivo, Carapaz y Pinot tras Dumoulin.

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Tres victorias de etapa suma ya Yates en este Giro. El primero que corre, por cierto. © Tim de Waele

Pinta bien la cosa para Yates. Si mantiene este estado de forma, el Giro de Italia es suyo. La contrarreloj la tiene que hacer a tope y no preocuparse demasiado por salir de rosa o no. Si en la montaña sigue a este nivel, no le va a seguir ni el tato. Lleva tres victorias de etapa (y le regaló una a Chaves en el Etna), va a ganar la montaña con mucho margen y ya es, sin duda, el favorito número uno para ganar el Giro. Dumoulin, que está a 2:11 en la general, va a necesitar hacer una contrarreloj sublime y subir el nivel en las tres últimas etapas de montaña si quiere ganar la carrera.

De lo que no cabe la menor duda es de que el Giro de Italia es ya cosa de dos. O Yates o Dumoulin. Uno de los dos desfilará de rosa por Roma. La batalla por el tercer cajón del podio va a estar muy entretenida, con Pozzovivo, López, Pinot, Carapaz y Froome como aspirantes. A priori, el británico recuperará tiempo en la crono, y no es nada descabellado pensar que los cinco corredores estarán en minuto y medio tras la contrarreloj.

Si la tercera semana del Giro es tan buena como la segunda (lo dudo mucho, francamente) nos podemos dar con un canto en los dientes.