Hay Tour

Nadie lograba, desde Lance Armstrong, ganar dos etapas de montaña consecutivas en el Tour de Francia. Geraint Thomas ha tenido el dudoso honor de ser el heredero del norteamericano tras ganar hoy en la montaña de las montañas, el grandioso Alpe d’Huez, repitiendo el triunfo logrado ayer en La Rosiere.

Mentiría si dijera que no me chirría ver a Thomas arrasar de esta manera. El galés es una fotocopia de Bradley Wiggins, que ganó el Tour en 2012 dopándose a base del uso innecesario de los famosos TUE. Ambos empezaron en la pista y, cuando dieron el salto a la carretera, pesaban, como mínimo, 10 kilos más. Esta temporada Thomas era el plan B del Sky en caso de que Froome no pudiera correr el Tour por los motivos de sobra conocidos, y parece que lo sigue siendo, a pesar de llevar el maillot amarillo, haber ganado dos etapas y tener 1:39 en la general sobre su teórico líder. «Yo estoy aquí trabajando para Froome», decía hoy Thomas  en la entrevista con la televisión francesa previa al podio. Lo que está claro como el agua del Caribe es que el Tour está controlado/secuestrado por el equipo Sky. No van a permitir fricciones internas, y Froome o Thomas desfilarán de amarillo por París salvo accidente o milagro.

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Thomas logró su segunda victoria de etapa en el Tour en la cima de la Rosiere tras la enésima exhibición del Sky en la primera jornada de montaña de un Tour. © Team Sky

El único equipo que puede poner en apuros al Sky es el Movistar. Cierto es que los británicos les superan en calidad individual. Por poco, pero les superan. Sin embargo, una buena estrategia de carrera podría cambiar las tornas. Como pedirle a un mono que resuelva una ecuación. En calidad de equipo, el Sky barre y vapulea al Movistar. Tampoco es muy difícil, las cosas como son. El Movistar ha hecho el canelo en los Alpes, que no por esperado resulta menos frustrante. En la primera etapa del primer bloque de montaña del Tour no sucedió absolutamente nada relevante entre los aspirantes a ganar la carrera. Se formó una escapada de salida, ganaron minutos en los dos primeros puertos y llegaron con margen de sobra a los dos últimos, el Col de la Romme y el Col de la Colombiere. Julian Alaphilippe atacó en la parte final de la subida a la Romme, cazó a Rein Taaramae, que rodaba en solitario en cabeza, y bajó como un misil hacia Le Reposor, el pueblo situado a los pies de la Colombiere, el puerto que en 2009 se hizo famoso con el ataque de Contador que descolgó a Kloden. Alaphilippe realizó toda la ascensión en solitario, coronó con muchísimo margen y bajó tranquilo hacia Le Gran Bornand para lograr su primera victoria de etapa en el Tour y el liderato de la montaña. Se marcó un auténtico etapón, al igual que Greg Van Avermaet, que se infiltró en la escapada en un terreno que no es el suyo para salvar el maillot amarillo, al que dignificó durante toda la jornada. Ya lo hizo en 2016, cuando era líder y, al igual que el otro día, se metió en la escapada, aquella vez en los Pirineos, para retener el liderato un día más.

En el pelotón no pasó absolutamente nada. El Sky puso el piloto automático durante toda la etapa. Marcaron el ritmo que mejor les pareció y fueron quemando a sus gregarios poco a poco. Como nadie les atacó, pues mejor que mejor. Llegaron a meta todos juntos y Alejandro Valverde tuvo el cuajo de decir que esperaban que atacara Froome, que iba cómodamente por delante de ellos en la clasificación general, al igual que Thomas.

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Una auténtica exhibición individual la de Julian Alaphilippe en la primera etapa de los Alpes, un hombre que está llamado a hacer cosas grandes en el Tour. El nuevo Virenque. © Tim de Waele

El que me vuelva a decir que los kilometrajes cortos dan pie a etapas más espectaculares se come el ordenador. A mí no me parece mal que en el Tour haya una, UNA, etapa corta de montaña, pero no porque piense que ese día va a haber un espectáculo superior al de otras etapas, sino porque creo que tampoco es plan fundir al personal en cada etapa de montaña. Pero vamos, que, por mi, sino la meten, pues perfecto. 108 kilómetros tenía la segunda etapa de los Alpes, con cuatro puertos de montaña: los dos primeros, la Bisanne y el Col du Pré, de categoría especial. El siguiente, el Cormet de Roselend, de segunda categoría. El último, la Rosiere, de primera categoría. Como cabía esperar, se formó una fuga numerosísima de salida: Alaphilippe buscando los puntos de la montaña, Sagan los de la regularidad, Warren Barguil, Marc Soler, Mikel Nieve, Tejay Van Garderen, Damiano Caruso… etc. Estaba siendo una etapa anodina hasta que la carrera se animó cuando atacó Valverde en el Col du Pré. Nadie salió a por él, lo que no entraba en los planes del Movistar. Hizo camino sólo y llegó a tener dos minutos de ventaja y ser líder virtual gracias al trabajo de Soler, que le estaba esperando desde la fuga. Inexplicablemente, el Bahrein-Merida se puso a hacer el trabajo que debería haber realizado el Sky persiguiendo a Valverde. En el largo descenso que llevaba a los ciclistas hacia la Rosiere, el pelotón redujo diferencias con Valverde. Tom Dumoulin atacó bajando junto con su compañero Kragh Andersen. No tardó en echar el guante a Valverde, que no pudo seguir el ritmo del holandés en la parte más dura de la ascensión final. Aunque había terreno para haber intentado desarmar al Sky desde lejos, por lo menos hubo ataques en la parte final. Geraint Thomas fue el primero en atacar. Froome cortó al pelotón no saliendo a por su compañero y el galés abrió hueco. Landa cedió pronto y Quintana no tardó en perder la rueda de Froome, que volvió a acelerar. El Sky hizo lo que quiso. Parecía que la etapa se la iba a llevar Mikel Nieve, que había hecho una etapa perfecta desde la escapada, pero nada pudo hacer cuando Thomas, que tras atacar había ido muy cómodo a rueda de Dumoulin, le pasó como un avión a falta de 300 metros para el final. Fue para apagar la tele. Un ordenador dando pedales rebasó de mala manera a uno de los ciclistas más entregados del pelotón. En fin. Thomas ganó la etapa y se puso líder. Froome y Dumoulin entraron a 20 segundos, Daniel Martin a 27 y Bardet, Quintana, Roglic y Kruijswijk, a 59. Como suele ser habitual, el Sky arrasó en la primera etapa de montaña del Tour, aunque las diferencias respecto a otros años fueron menores en esta ocasión.

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Nieve se quedó a 200 metros de lograr su primera etapa en el Tour. © Bettini Photo

Y llegó la etapa reina de este Tour de Francia, la tercera de montaña consecutiva en los Alpes. 175 kilómetros con tres puertos Hors Categorie: la Madeleine, la Croix de Fer y el Alpe d’Huez. No ha sido una etapa que vaya a pasar a los anales de la carrera, pero miente todo aquel que diga que no ha sido un día bonito y emocionante. Como no podía ser de otra manera, se formó una fuga numerosa de salida en la Madeleine. Hombres importantes como Alejandro Valverde y Steven Kruijswijk se metieron entre los escapados, cosa que no alarmó demasiado al Sky, que siguió el ritmo de Luke Rowe -válgame Dios- durante varios kilómetros. Julian Alaphilippe coronó en primer lugar la Madeleine, y aumentó su ventaja en la clasificación de la montaña, que tiene muy encaminada. Ya en la Croix de Fer, Kruijswijk tardó muy poco en demostrar que llevaba muchas más piernas que sus compañeros de escapada. Demarró en los primeros kilómetros y se marchó en busca de la gesta. Tenía seis minutos sobre el pelotón cuando el Movistar, con un gran Marc Soler, comenzó a poner ritmo. Quedaban unos 15 ciclistas en el grupo del líder cuanto el corredor catalán se apartó, pero Landa no quiso atacar. Quintana tampoco, y ambos acabaron esperando a Amador, que se había metido en la fuga y circulaba unos metros por delante. El costarricense marcó el ritmo en los últimos metros de la subida, que se saldó sin ataques entre los hombres fuertes del Tour. No me atrevería a catalogarlo de ridículo, pero la actuación del Movistar en la Croix de Fer nos dejó, una vez más, mirando con incredulidad a la televisión. ¿Para qué quemáis a Soler, Amador y Valverde de esta manera si no vais a atacar? Todo lo que sea ir a ritmo, mejor para el Sky. Jonathan Castroviejo -sublime- y Michal Kwiatkowski dirigieron al pelotón en el descenso hacia el pueblo más famoso de los Alpes, Bourg d’Oisans, que alberga la primera rampa del Alpe d’Huez.

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No consiguió ganar pero Kruijswijk se pegó el gustazo de pasar en primer lugar por la mítica curva de los holandeses en el Alpe d’Huez. © ASO

Kruijswijk comenzó a subir con cuatro minutos de ventaja, que parecían suficientes. Sin embargo, el trabajo de Egan Bernal echó por tierra la preciosa cabalgada del holandés. El primero en intentar romper al Sky fue Vincenzo Nibali, quién si no, aunque no fue demasiado lejos. El siguiente en probarlo fue Landa, con un ataque que secundó Bardet. No llevaba piernas el alavés, que paró enseguida. Bardet continuó durante unos metros, pero Bernal estaba marcando un ritmo demasiado potente por detrás como para abrir hueco. Bardet paró y no tardo en realizar su intento Nairo Quintana con un ataque que dio pena. Aceleró mirando para atrás. No llegó a tener diez metros de ventaja y tuvo que bajar el ritmo rápidamente. Después, no tardó en ceder ante el ritmo de Bernal. Terrible lo de Quintana, que es una sombra de aquel ciclista que maravilló al mundo en 2013. Cuando se apartó Bernal, atacó Froome. Cuando salía a por él, Nibali chocó contra una moto. Un imbécil había encendido una bengala. El conductor de la moto perdió visibilidad, frenó, y Nibali se lo comió con patatas. Una vergüenza. Froome echó el guante a Kruijswijk a falta de cuatro kilómetros para el final y se fue directo a por la victoria. Sin embargo, Tom Dumoulin no se descompuso. A su ritmo, con Thomas y Bardet a rueda, cazó a Froome. Los cuatro se pararon y empezó el juego por la victoria de etapa. Las fuerzas estaban completamente igualadas. Nadie tenía un gramo más que el de al lado. El parón benefició a Landa, que les cazó en el último kilómetro. Intentó sorprender arrancando el primero en el esprint, pero no coló. Thomas, muy potente en una llegada llana como la del Alpe d’Huez, esprintó y se llevó la victoria con la gorra. Dumoulin fue segundo, seguido de Bardet, Froome y Landa. Nibali, al que le deberían dar el mismo tiempo que al ganador -ahí está el Ventoux en 2016- y Roglic llegaron a 13 segundos, Fuglsang a 42 y Quintana a 47.

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Tocado pero no hundido. Landa tiene aún algo de margen para reaccionar. © Bettini Photo

¿Hay Tour? Yo creo que sí. Landa está tocado físicamente. La caída de Roubaix ha condicionado su actuación en los Alpes, pero no sería la primera vez que un ciclista como él se recupera para el segundo bloque de montaña. Quintana, que por las razones que sea no está con piernas, debería ponerse a su servicio. Valverde, ya sin opciones en la general, lo hará. Por otro lado, parece que Romain Bardet y Tom Dumoulin tienen piernas para seguir a Thomas y a Froome en la montaña, aunque no para descolgarles. Este factor, unido a la abrumadora superioridad del equipo Sky en todos los terrenos, hace casi imposible pensar en que alguien pueda desbancarles. A Primoz Roglic, que se mantiene a 2:46 en la general, aún no le ha dado el viento de cara en todo el Tour, mientras que los movimientos que pueda llevar a cabo Nibali, que en teoría irá a más en la última semana, se antojan decisivos en el desenlace del Tour. Los siete primeros ciclistas de la clasificación general están en 3:13. Tenemos que pensar que con estas diferencias hay carrera porque, de no ser así, apaga y vámonos.

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