El ciclismo es la vida

Son momentos difíciles. Momentos de ser responsables a la par que solidarios. Ya hemos escuchado, leído y nos hemos informado. Nada está de más. Aún y así, y para no sobrecargar el tema, evitaré hoy volver a mencionar la palabra que tenemos todos en la cabeza estos días e intentar aportar un poco de evasión, una pequeña historia personal relacionada con el ciclismo con la intención de pensar -ni que sea durante unos instantes- en algo completamente distinto.

Yo empecé a aficionarme al mundo de la bicicleta cuando era pequeño. Al principio no le prestaba la atención que le doy ahora, ya que aún no me sentía tan absorbido por su universo y porque tampoco existían las redes sociales, que tanto ayudan a mantenernos informados en todo momento.

Mi abuelo se llamaba Ramón. Se ganó la vida como contable, aunque él era mucho más que eso. Fue una persona con muchísimas inquietudes e intereses en muchísimos campos, siempre quería aprender y podríamos decir que a eso fue a lo que se dedicó toda su vida. La pintura le absorbió casi por completo. Era un gran aficionado a pintar cuadros de paisajes que contemplaba o que recordaba. También pintaba naturaleza muerta. Su casa aún sigue llena de algunos de sus cuadros, mientras que otros aún lucen con orgullo en la mía. Él era de un pueblo de Teruel llamado Alcorisa. La casa donde nació en 1926 y en la cual empezó a vivir también conserva parte de su colección.

Su otra gran pasión fue el ciclismo. El mundo de las dos ruedas le encandiló desde el primer momento. Siendo también alguien deportista, aquel deporte que le otorgaba cierta libertad no podía sino ser una parte muy relevante de su vida. Empezó a seguir las carreras profesionales de la mejor manera que los medios se lo permitían.

A mí me llegó a contar muchísimas anécdotas de corredores de la época: Anquetil, Bahamontes, Coppi y tantos otros. A mí me parecía increíble y un privilegio que él hubiera sido contemporáneo de aquellas figuras que para mí y muchos son leyendas de este deporte. Es tal la admiración que siento por ellos, que a veces me cuesta incluso creer que hayan llegado a existir, y más aún que mi abuelo Ramón los hubiera disfrutado en directo. De él también recuerdo cuando me contaba que una de sus excursiones favoritas era ir desde Barcelona -donde vivió casi toda su vida- hasta Alcorisa, y de ahí de vuelta. 

En los años que compartí con él, siempre me hablaba de anécdotas relacionadas con muchísimos temas, y no solamente de la Guerra Civil o del ciclismo, aunque son las relacionadas con estas temáticas las que más recuerdo. Tengo la sensación de que nunca llegué a aprovechar bien el tiempo que pasé con él, pero eso nos pasa a todos y yo también era muy niño como para darme cuenta de todo aquello. Me quedo con el recuerdo de lo que me llegó a explicar (que no fue poco precisamente), y de los buenos ratos que pasamos comiendo, riendo, jugando a juegos de mesa… todo ello acompañado de mi deleite mientras escuchaba sus chistes que, precisamente por estar muchos de ellos algo desfasados, aún me hacían más gracia y más si venían de él.

Algo que le gustaba mucho era guardar cosas. Por ejemplo, desde que él era muy jovencito empezó a guardar, coleccionar y a hacer recortes de periódicos y revistas del momento. A mí de vez en cuando me regalaba algún recorte o montaje que hubiera creado en relación al ciclismo o algún tema que él sabía que me gustaba.

Queda claro pues que en mi caso la pasión por el ciclismo viene, de alguna forma, por tradición familiar. Mi padre es otro que también se las trae. También se llama Ramón, y también es y ha sido un gran aficionado al ciclismo. De él he recogido anécdotas de tiempos más recientes, sobre todo las relacionadas con Perico Delgado y Miguel Induráin. Con él fue con quien empecé realmente a ver ciclismo y a aficionarme de verdad. Mis primeros recuerdos en directo son los de ver las exhibiciones (polémicas a un lado) de Lance Armstrong desde el sofá de casa. Recuerdo especialmente las caras de mi padre no dando crédito ante algunas de las cosas que estábamos viendo y de empezar a hablar de ciclismo en casa o incluso en los ratos que nos bañábamos juntos en las playas de Castelldefels. Él me empezó a explicar las normas del ciclismo y a resolver mis dudas. ¿Cómo funciona una contrarreloj? ¿Cómo se puede ganar el Tour de Francia sin ganar ninguna etapa? ¿Por qué si Armstrong era el mejor no disputaba las etapas llanas o no intentaba ganarlas todas? ¿Por qué…?

Más adelante ya fui yo mismo quien, picado por los dos Ramones, me enganché de lleno en todo aquel embrollo y empecé a consumir ciclismo en cantidades bárbaras. Veía casi todas las carreras del calendario, no quería perderme ni el Tour de Pekín y hacía un gran esfuerzo por grabar las etapas que no podía ver en directo y por evitar los temidos spoilers. No es ningún secreto que el ciclista que más me marcó fue Alberto Contador, por la edad que yo tenía cuando él empezó a despuntar (cosa que facilitó que se convirtiera en mi ídolo), y porque su estilo valiente y entregado, a veces incluso alocado, me representaba totalmente y lo trataba de reflejar en mi vida diaria. Intentarlo hasta el final y no rendirse jamás.

Recuerdo que una vez le diseñé a mi abuelo un calendario anual en el cual puse de fondo una fotografía de Fausto Coppi, y pude leer a través de su mirada que aquello fue una de las cosas que más ilusión le habían hecho en su larga vida.

Mis recuerdos estrella en relación al ciclismo junto a mi padre y mi abuelo fueron los relacionados con el ciclismo en directo. El primero de ellos fue cuando fuimos juntos hasta la Plaza España de Barcelona en Julio de 2009, cuando una de las etapas del Tour de Francia salía desde la ciudad Condal. Allí pude ver en directo por vez primera a Lance Armstrong y a Alberto Contador, mis ídolos del momento cuando yo tenía 14 años.

El último de ellos fue en 2012, cuando fuimos los tres hasta Montjuic para ver la llegada, en pleno Agosto, de una de las etapas de La Vuelta a España que llegaba hasta allí, ganando aquel día el belga Philippe Gilbert por delante de un inmenso Purito Rodríguez, que se encontraba entonces en la cúspide de su carrera deportiva.

Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras, pero hoy y gracias a este escrito creo que las palabras -y aunque sea de forma excepcional- se han expresado mejor que cualquier imagen. Pese a ello, me gustaría dejar un recuerdo en forma de imagen: un recorte de la portada de la revista deportiva italiana “La Domenica del Corriere”, del 20 de Julio de 1952, con un dibujo del entonces campeón del ciclismo Fausto Coppi, en vías de ganar su segundo Tour de Francia. No es una réplica ni tampoco una copia o una imitación, sino un original que mi abuelo se adjudicó en su momento. Es tal vez el mejor regalo relacionado con el ciclismo que conservo de su parte. Y, por supuesto, está enmarcado y colgado en la habitación de mi casa.

Por eso creo que puedo afirmar que, al menos en mi caso, el ciclismo ha sido, es y seguirá siendo una parte muy importante de mi vida.

Gracias ciclismo. Ojalá vuelvas tras esta crisis mundial mejor que nunca. Pero sobre todo, gracias a ti, Ramón. Y al otro Ramón, por supuesto que también se lo agradezco de corazón.

undefined

Portada de la revista deportiva italiana “La Domenica del Corriere”, del 20 de Julio de 1952.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close